¿Quién dijo que los años acabaran con el niño que todos llevamos dentro? El italiano Carlo Frabetti nos demuestra que esto no es así; a sus cincuenta y seis años todavía mantiene vivas las ilusiones que pululan por las cabezas de niños y adolescentes. Esto se ve reflejado en muchos de sus libros, como en los protagonizados por Ulrico, o en El bosque de los grumos; en los que se pone de manifiesto su mentalidad juvenil. 

En su último libro, El gran juego, también nos muestra este punto de vista del mundo, esta vez a través de los ojos de un adolescente, y también una gran realidad, todo niño o adolescente desea sentirse protagonista de una aventura, por pequeña que esta sea. La genialidad de esta obra ha sido premiada con el Premio Jaén de narrativa infantil y juvenil. Aunque quizá, el tan precipitado y fantástico final, poco acorde con la realidad del resto de la obra, le haya restado un mayor reconocimiento.

Además en sus obras plasma sus conocimientos sobre su especialidad, las matemáticas, a las que da, junto a la lógica, un papel de coprotagonista. También se da una importancia tremenda a la única arma que poseen sus protagonistas, la inteligencia, de la cuál sabemos que el autor es devoto confeso.

En su última novela, Carlo Frabetti nos presenta un gran reto, el reto que siempre se le ha planteado al hombre desde que el tiempo es tiempo, el JUEGO.

¿Quién no ha sentido alguna vez el deseo irreprimible de jugar? Todos sentimos esta necesidad, jugar es algo natural al ser humano, como pensar; mejor dicho, es algo natural a la vida. Esto es lo que Carlo Frabetti nos relata, a través de los ojos del personaje principal, Leo.

Leo es un chico cuya realidad cotidiana se ve seriamente afectada al entrar en contacto con un contrincante que, a través de Internet, le plantea una serie de problemas de lógica, como parte de un juego surgido por un error de Leo. Éste contrincante lo sumergirá en un enigma aún mayor, descubrir su identidad. Leo se valdrá de su inteligencia, de la ayuda de unos peculiares amigos, y de las enseñanzas de éstos para hallar las respuestas a las preguntas hechas por el misterioso adversario.
En la resolución de gran parte de las cuestiones tienen, como ya hemos dicho, un importante papel los nuevos conocimientos adquiridos por Leo, gracias a la enseñanza de sus amigos, en diversas áreas del saber:
● La supuesta existencia de un superello (término relacionado con la Psicología) que sería capaz de captar datos subliminales, barajarlos y sacar conclusiones a partir de ellos (serían lo que conocemos como intuiciones); y que valdría como explicación a la doble y correcta significación de los anagramas de Galileo.
● También se discute sobre la existencia o no de libre albedrío, tema que ha ocupado la atención de los filósofos de todos los tiempos, desde dos puntos de vista, desde el de la mecánica cuántica (que defiende su existencia) y desde el de los deterministas (que la niegan). Estas dos concepciones explicarían, cada una a su manera, que ocurriría con los dos Narcisos.
● El teorema del punto fijo le ayudará a descubrir otro de los problemas planteados, el problema del monje, que, según este teorema, en algún momento del camino de vuelta pasa por el mismo sitio y a la misma hora que cuando hizo el camino de ida.
● Otra de las cosas que Leo aprendió fue el método de Holmes, método que consistía en descartar lo imposible y aceptar lo único que quedara después de esto, por muy absurdo que pareciera (si se ha obrado legalmente, no tiene porque haberse obrado “bien”); así solucionó el acertijo del ajedrez.

Estos (los nuevos conocimientos adquiridos por Leo) constituyen las principales herramientas para comprender el juego, y en parte, sientan las bases y las reglas de éste.

Además de los temas anteriores, en el libro se tratan algunos más, como la importancia de la amistad, o temas relacionados con las matemáticas, la física, la informática, etc; e incluso uno que preocupa a la humanidad, ¿qué sería del mundo si estuviese en manos de ordenadores superinteligentes? Pero de entre todos ellos, uno de los que merece la pena resaltar, quizás porque pase más desapercibido que los demás, sea el hecho de prejuzgar a la gente, es decir, sacar conclusiones sobre las “personas” antes de conocerlas, conclusiones, por norma general, erróneas. Esto ocurre en varias ocasiones: la opinión que tenía Leo sobre su profesora de matemáticas antes de conocerla mejor, o la primera impresión que en él causa Efe; ambas cambiaron cuando Leo los conoció mejor, descubrió lo estupendos que eran. Por el contrario, en cuanto a la opinión que tenían los iluminados sobre el ordenador, no se le dio ninguna oportunidad de actuar y así comprobar sus intenciones, sino que se le prejuzgó y se le condenó. ¿Acertaron?, viendo lo que normalmente sucede con los juicios previos, podría decirse que no.




María García Torres
Alumna del I.E.S. Arroyo Harnina