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De sobra es sabido que todo impulso previo a la ejecución de un acto responde a la existencia de una necesidad, y en este caso no iba a ser diferente.
El trabajo que presento a continuación no es ni más ni menos que una modesta y nada original respuesta a esa necesidad que sentimos los profesores de lenguas: despertar en los alumnos el interés por expresarse con corrección en su propia lengua, o lo que es lo mismo, advertirles de la importancia de cuidar su modo de expresión.
Desde que empecé con mis clases (allá por el año 1991) hasta el momento presente, he escuchado verter miles de acusaciones sobre el nuevo sistema educativo (he de decir que yo no he conocido otro en mi experiencia docente, quizás por eso no comparto la postura), argumentando que los alumnos cada vez salen peor preparados. Y entre las mil deficiencias achacables a dicho sistema hay una que resuena en mi mente a modo de letanía: "Lo que pasa es que no se les enseña a leer y escribir..."

Ha llegado el momento, hemos tocado fondo: "tengo que enseñarles a escribir". Reviso la ley, ahí está, señero, rotundo: "Dominar la lengua castellana oral y escrita". Ya sé qué tengo que hacer, pero ¿cómo?. Lo leo una y otra vez a ver si el genio de la lámpara se da por aludido y acude a mi súplica... pero nada, el genio se resiste. Ensayemos entonces el método tradicional. Posibles soluciones:
Solución nº 1: la lectura. Tienen que leer mucho. Pero esto no soluciona el problema, más bien lo agrava: ¿cómo hacer que lean?. Dios mío, la otra cruz.
Solución nº 2: es preciso trabajar duro. Les pediré que me entreguen una redacción por semana... son cinco grupos... a unos 30 alumnos por aula... hacen un total... ¡ya me apañaré!
Y me lanzo de cabeza a la piscina, pero al cabo de un tiempo me vence la impotencia: "Me harto de corregir ejercicios, les marco todos los errores, les doy la solución... y ellos se limitan a mirar la nota, contrastarla con la del compañero y archivar el folio".
Hay que admitirlo: todas esas horas de trabajo no han servido a nadie, ni al profesor, que se siente frustrado al ver que el ímprobo esfuerzo no da el resultado esperado, ni al alumno, que está harto de ver una y otra vez su trabajo repleto de tachaduras y de anotaciones que ni siquiera entiende.
Y se hace la luz: esto debe ser un trabajo interactivo (ya sé que la palabrita es L.O.G.S.E.), el profesor debe señalar los errores en la redacción, pero quizás sólo con indicaciones que ayuden al alumno a revisar y corregir su propio escrito. Por otra parte, esto de la escritura no debe ser algo que afecte sólo a los profesores del Departamento de Lengua, debe ser tarea común a todas las áreas en la medida de sus posibilidades.
YA EN SERIO
La necesidad es perentoria y más aún cuando, en Comisión de Coordinación Pedagógica, se inicia la confección del Proyecto Curricular de Bachillerato. Los alumnos de bachillerato no saben redactar, los compañeros se quejan por ello, la inspección nos pide explicaciones ante el elevado número de suspensos, y ahí está de nuevo famoso objetivo, que nos implica a todos.
No hay mucha bibliografía sobre el asunto (o al menos no a mi disposición), así que con las ideas que me aporta la poca que hay y con materiales que he ido recopilando a lo largo de mis ya diezaños de experiencia aquí tenemos el plan de trabajo:
Ésta es, sin duda, la parte más laboriosa del trabajo, pues llegar a sistematizar los aspectos en los que fallan nuestros alumnos sólo es posible después de algunos años de trabajo y muchas horas de corrección (ahora bien, estoy segura de que los reconoceremos todos los que nos dediquemos a esta bendita profesión). Hay que señalar que los errores han sido extraídos directamente de sus escritos y consensuados con otros profesores del Departamento (especialmente, en la elaboración del Documento 1, he contado con la colaboración de la profesora Vicenta Donoso Nogales).
Es evidente que no hemos descubierto nada que no se hubiera descubierto antes, pero quizá hayamos trazado el camino adecuado para "rentabilizar" (eso que está tan de moda) nuestro trabajo implicando a todas las partes que intervienen en este proceso: profesores y alumnos. Y lo que es más importante, quizás hayamos conseguido crear esa necesidad de la que hablábamos al principio previa a toda actuación, ahora en nuestros alumnos: es importante expresarse con corrección en nuestra lengua, puesto que es el vehículo que usamos para transmitir nuestros deseos, sentimientos, pensamientos... y conocimientos, ya sean estos de Historia, Filosofía, Literatura, Geografía... e incluso, de Matemáticas.
Francisca Sánchez González
Profesora de Lengua Castellana y Literatura
BIBLIOGRAFÍA:
Cassany, D., La cocina de la escritura, 1996, Barcelona, Anagrama.Cassany, D., Reparar la escritura. Didáctica de la corrección de lo escrito, 1993, Barcelona, Graó.

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ORTOGRAFÍA |
ERRORES GRAMATICALES |
SIGNOS DE PUNTUACIÓN |
LIMPIEZA |
NOTA FINAL: |
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ACENTOS |
ORGANIZACIÓN |
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CALIGRAFÍA |
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VOCABULARIO |
ARGUMENTOS |
I.E.S. Santiago Apóstol
. Curso 2000/01|
Asignatura: |
Curso/Grupo: |
Fecha: |
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Alumno: |
Nº: |
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VALORACIÓN EXPRESIÓN ESCRITA |
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ORTOGRAFÍA |
REDACCIÓN |
LIMPIEZA |
NOTA |

