ARQUEOLOGÍA EN TIERRA DE BARROS.

                     

Ofrecemos aquí una breve reflexión sobre un documento administrativo de fines del siglo IV,  el LATERCULUS POLEMII SALVII. El  LATERCULUS es en realidad una NOMINA PROVINCIARUM, es decir, una relación pormenorizada de las provincias del Imperio.

 

Cuando en el LATERCULUS se describe Hispania  se dice textualmente, QUARTA: LUSITANIA IN QUA EST EMERITA. Esta  mención implica, a juicio de algunos historiadores, que EMERITA era la capital administrativa, sede del VICARIATUS HISPANIARUM.

 

El importante papel político de EMERITA, situada en un lugar estratégico en los márgenes de Tierra de Barros, su crecimiento urbano a partir del Bajo Imperio y la riqueza agrícola del territorio explican, a nuestro juicio entre otras razones, el hecho de que en la zona se ubiquen un número importante de yacimientos arqueológicos –nómina a la que constantemente añadimos nuevos hallazgos, el más reciente una inscripción fragmentada de época tardía- y sobre los que destaca el del lugar del hallazgo del llamado Disco de Teodosio.

 

                                                  Parece fuera de toda duda que AUGUSTA EMERITA tuvo,  desde su fundación (1), un papel clave en el desarrollo de la romanización del territorio lusitano recién sometido (2). Con esta filosofía la nueva ciudad, ubicada en un lugar estratégico (3), fue concebida para desarrollar un programa que la propia estructura urbana mostraba (4),  tenía que ser un referente para un entorno rico y,  por ello,  intensamente habitado (5). Con el desarrollo de la romanización,  el TERRITORIUM EMERITENSE  fue ocupándose progresivamente (6)  y, en definitiva, cumpliéndose el objetivo inicial independientemente de sus discutidos límites (7).

 

Lo que parece suceder con respecto al TERRITORIUM en su conjunto,  puede plantearse en la misma medida para la zona de Tierra de Barros. La comarca ya estaba intensamente poblada por su riqueza agrícola desde la prehistoria, bien lo demuestran los hallazgos casuales (8), y excavaciones recientes en “Huerta Montero”  (9) o “Las Minitas” (10) con continuidad durante la protohistoria (11) y los vestigios se multiplican a partir  de la dominación romana. La zona estuvo incluida en el marco de la centuriación emeritense (12) y son numerosos los yacimientos que se han localizado, la mayoría con una cronología inicial alto imperial evidente (l3).

 

El panorama descrito a grandes rasgos para los primeros siglos de nuestra era no va a remitir. Antes al contrario, el nivel de ocupación de la zona va a incrementarse en la misma medida que la capital alcanzaba cotas, cada vez más importantes, de poder en el marco del territorio peninsular y se incrementaba la presencia de altos funcionarios aun cuando es sabido que, en el ámbito de las provincias, el paso por AUGUSTA EMERITA era un primer peldaño en el CURSUS HONORUM (l4).

 

La importancia de AUGUSTA EMERITA se confirma en la mención que hace el LATERCULUS POLEMII SALVII de la ciudad. Cuando en el LATERCULUS, una NOMINA pormenorizada de los territorios del Imperio, se relacionan las distintas provincias sólo se mencionan las ciudades que son sedes de los VICARII o capitales administrativas.

 

Con respecto a Mérida, la cuestión es una polémica que tiene su origen en la discutida lectura del texto de Ausonio que hace Etienne (15). Para Etienne no hay la menor duda, Mérida fue la residencia del VICARIUS HISPANIARUM (16)  lo que significaba que bajo su control estaban los CONSULES y PRAESIDES de las otras provincias de HISPANIA y, a su vez, dependía del PRAEFECTUS GALLIARUM.

 

La capitalidad de AUGUSTA EMERITA  significa una renovación de la propia ciudad que adquiere el papel de centro administrativo con respecto al resto de las provincias y prefecturas de HISPANIA  y el  subsiguiente incremento del número de funcionarios que conforman el OFFICIUM con variadas actividades burocráticas que van desde la recaudación de impuestos hasta el control de los registros civiles. Naturalmente, este conjunto de burócratas estaban acompañados y, al tiempo,  protegidos por un destacamento militar que garantizaba su actividad diaria y aseguraba el funcionamiento de la administración (17).

 

La presencia de esta burocracia en la ciudad supuso un nuevo aliento para la construcción,  lo que es un verdadero indicador de la pujanza económica que va a relanzar la vida urbana,  un dato que ya se había apuntado para otras ciudades en la misma época (18) y como reconoce Fuentes Domínguez: “Pocas regiones del Imperio Occidental y, desde luego, de HISPANIA pueden ufanarse tanto como Extremadura de haber tenido un pasado tan glorioso durante la Tardía Antigüedad” (19).

 

Con respecto a los edificios públicos,  participamos de gran parte de los planteamientos de Rosalía Mª Durán Cabello (20). El efecto “refracción” lo concreta en la cerca murada –algo que nosotros ya habíamos señalado con anterioridad (21)-, en el circo –donde se advierten una serie, más o menos importantes, de obras de reparación y remodelación en la SPINA y las CARCERES-,  en el anfiteatro  -edificio en el que al decir de la autora se detectan “profundos cambios que se iniciaron en el siglo III” (22) y entre los que destacan el de la HARENA ya en el IV- y, por último, en el teatro que es el monumento en el que mejor comprendemos el cuidado que concitó la ciudad y su edificio más emblemático con la restauración de época constantiniana y la creación de la VERSURA oriental, entre otras intervenciones menos significativas.

 

Este panorama que de forma muy resumida hemos dibujado para los edificios públicos, puede también presentarse para la construcción privada. Una serie de importantes hallazgos de pinturas  (23)  y mosaicos (24) que decoraban algunas ricas DOMUS intramuros han sido fechados en el siglo IV. Al mismo tiempo, se desarrollan barrios en la periferia urbana  e, incluso, en zonas extramuros (25) donde conviven áreas domésticas e instalaciones industriales (26) que, en principio,  parecen perfectamente articulados en la trama urbana y que, al desbordar el perímetro murado en torno a las puertas, se convierten en una variopinta y abigarrada  mezcla de diferentes estructuras, incluidas las funerarias, en la que no faltan las ricas VILLAE suburbanas como la “Casa del Mitreo” que se fecha en el siglo IV en función de sus pavimentos (27).  

 

La floreciente situación que parece puede concluirse sobre AUGUSTA EMERITA podría extrapolarse a su TERRITORIUM y,  de manera especial,  para el caso de Tierra de Barros. La comarca por su riqueza agrícola, como ya se ha señalado,  fue objeto de ocupación desde el momento inicial de la colonización sin olvidar que,  por su estratégica posición, era zona limítrofe entre Bética y Lusitania y paso obligado para importantes vías de comunicación (28).

 

Así pues, la comarca de Tierra de Barros, como el resto de la mayor parte del territorio extremeño, debía estar en explotación por colonos romanos desde el siglo I y esta ocupación parece que se intensificó a partir del III aunque con algunas novedades en lo que se refiere al tamaño de las explotaciones, con el desarrollo del latifundismo,  y la concentración de la propiedad en pocas manos (29). El número de establecimientos es elevado (30)  y su calidad se valora como suntuaria (31)  aunque los restos conservados no sean especialmente interesantes en este aspecto, si exceptuamos los mosaicos de “Panes Perdidos” (32) y las parciales excavaciones en la PARS RUSTICA  de “El Borril” (33) y “El Almaden” (34). Conviene señalar que los hallazgos, que se producen de forma habitual en el transcurso de las labores agrícolas, ofrecen generalmente poca información dado el uso de una maquinaria muy potente, que realiza profundas operaciones, y que ha ido alterando los niveles arqueológicos,  machacando los materiales y demoliendo los restos constructivos (35).

 

En el panorama de hallazgos de época tardía producidos en Tierra de Barros destaca,  por encima de todos, el conocido “Disco de Teodosio”.  El  mal llamado “Disco de Teodosio” -en realidad un MISSORIUM, como puso de manifiesto Arce (36)- es una buena prueba del papel que,  como ya se ha comentado,  jugó AUGUSTA EMERITA en el occidente como capital y sede- residencia del VICARIUS HISPANIARUM,  su destinatario final. Esto es un  hecho aceptado, independientemente de las interesantes discusiones científicas en lo que se refiere a las técnicas de fabricación, iconografía, cronología e interpretación, en las que tuvimos la ocasión de participar, con motivo de nuestra aportación al “Coloquio Internacional sobre el Disco de Teodosio” celebrado en Mérida y Almendralejo en diciembre de 1998 (37). En el mencionado Coloquio sosteníamos y explicábamos, en nuestra opinión, que el lugar del hallazgo (38) era otro diferente al de “Sancho” que tradicionalmente se ha mantenido, se trata de un predio cercano al ITER AB OSTIO FLUMINIS ANAE EMERITA USQUE (39),  que comunicaba la capital de la Lusitana y la desembocadura del Guadiana,  y que los afortunados descubridores –quizá- trataron de ocultar para poder ampliar sus “prospecciones” a la vista del sensacional hallazgo realizado.

 

Parece, en definitiva, que la AUGUSTA EMERITA de los siglos III y IV era una ciudad viva, rica y populosa en la que residían los dignatarios de rango superior del OFFICIUM,  tanto de la administración estatal como provincial, así como un número indeterminado de funcionarios de rango menor. Esta ciudad que crecía, se desprende del desarrollo de los barrios intra y extramuros, quizá resultase a los miembros de esta casta político-administrativa incómoda, su poder adquisitivo les permitiría buscar una alternativa que fue –posiblemente- construir o remozar suntuosas VILLAE en la fértil Tierra de Barros bien comunicada con la capital. Estas residencias, desaparecidas por las labores agrícolas derivadas de la propia fertilidad del suelo, serían las mismas –o casi- en las que residieron los colonos de los primeros años y vivirán los habitantes de la comarca en los últimos siglos de la tardía romanidad como atestiguan los hallazgos de elementos arquitectónicos de época visigoda (40) que se unen a los que recogiera el Marqués de Monsalud y que, en parte, se conservan en su colección de Almendralejo (42).

 

Finalmente, para terminar,  reiteramos las palabras que a modo de conclusión pronunciamos en el “Coloquio Internacional sobre El Disco de Teodosio”: “Sería  necesario rastrear sobre el campo y con la ayuda de la fotografía aérea al menos el término municipal de Almendralejo que se ve salpicado de yacimientos ya desde época neolítica y que como consecuencia de las labores agrícolas profundas está sufriendo una degradación rapidísima. A este proceso de degradación justificable se añade la presencia de abundantes aficionados que usan sin rubor los peligrosos detectores de metales” (43).   

 

 

* Artículo publicado por JOSÉ ÁNGEL CALERO CARRETERO bajo el título Aportaciones a la romanización de la Tierra de Barros en Actas de las II Jornadas de Humanidades Clásicas del IES Santiago Apóstol de Almendralejo. Almendralejo 2.000.

 

                                                                      NOTAS.

 

1)       J. Álvarez Sáenz de Buruaga. “La fundación de Mérida”. Augusta Emerita. Madrid, 1976. Pp. 19-32.    Recientemente se ha discutido esta cronología cf. Alicia Mª Canto. Las tres fundaciones de Augusta Emerita. Stadtbild  und Ideologie. Munich, 1990. Pp. 289-297.

2)       J. Mª Álvarez. “Ciudades romanas de Extremadura”. La ciudad hispanorromana. Barcelona, 1993. P. 3l y ss.

3)       M. Almagro. “La topografía de Augusta Emerita”. VI Congreso de Estudios Extremeños. Madrid, 1983. Pp. 115-137.

4)       M. Bendala Galán y J. Mª¨Álvarez Martínez. “Semblanza de Augusta Emerita”. Extremadura Arqueológica IV. Mérida-Madrid, 1995. Pp. 179-190.

5)       J. J. Enríquez Navascués y E. Jiménez Aparicio. Las tierras de Mérida antes de los romanos. (Prehistoria de la comarca de Mérida). Mérida, 1989.

6)       J. G. Gorges. “Villes et villas de Lusitaine (Interactions – echanges – autonomies)”. Les villes de Lusitaine romaine. Hiérarchies et Territories. París, 1990. Pp. 91-113.

7)       J. Mª Álvarez. “Algunas observaciones sobre el “territoriun emeritense””. Homenaje a Samuel de los Santos. Albacete, 1988. Pp. 185-192.

8)       R. Martínez de Pinillos. “Una estación prehistórica cerca de Almendralejo, cerca de Badajoz”. La Ilustración Española, XXXIII, l9l3. Pp. 150-151.

9)       F. Blasco Rodríguez y M. Ortiz Alesón. “Trabajos arqueológicos en “Huerta Montero”. Almendralejo, Badajoz”. Extremadura Arqueológica II. Mérida-Cáceres, 1991. Pp. 129-137.

10)    I. Pavón,  J. L. González y J. F. Plaza.””Las Minitas” (Almendralejo, Badajoz) una necrópolis de cistas del Bronce del suroeste en la Tierra de Barros (Campaña de urgencia de 1994)”. Norba l3. Pp. 11-37.

11)    Coronada Domínguez de la Concha. “Materiales del Periodo Orientalizante de Campoviejo (Almendralejo, Badajoz)”. Homenaje a Cánovas Pesini. Badajoz, 1985. Pp. 57-63.

12)    R. Corzo. “In finibus emeritensium”. Augusta Emerita. Madrid, 1976. Pp. 2l7-228.

13)    A. Rodríguez Díaz. Arqueología de Tierra de Barros. Badajoz, l986. Pp. 115-186.

14)    J. Arce. “Mérida tardorromana (284-409 d.C.)”. de Homenaje a Sáenz Buruaga. Badajoz, 1982. P. 211.

15)    R. Etienne. “Ausone et l’Espagne”. Mélanges d’Archeologie et d’Epigraphie et d’Histoire offerts à Jèrôme Carpopino. París, 1966. Pp. 327-332.

16)    Ibidem. “Mérida, capitale du vicariat des Espagnes”. Homenaje a Sáenz de Buruaga. Badajoz, 1982. Pp. 201-207.

17)    J. Arce. Art. cit  P. 210 y 212.

18)    A. Fuentes Domínguez. “Aproximación a la ciudad hispana de los siglos IV y V d.C.”. Congreso Internacional la Hispania de Teodosio. Vol. 2. Salamanca, 1997. Pp. 477-496.

19)    Ibidem. “Extremadura en la tardía antigüedad”. Extremadura Arqueológica IV. Mérida-Madrid, 1995. P. 217.

20)    Rosalía Mª Durán Cabello. “Mérida en la antigüedad tardía”. Acta Antiqua Complutensia. Complutum y las Ciudades Hispanas en la Antigüedad Tardía. Alcalá, 1997. Pp. 16l-179.

21)    J. A. Calero Carretero. La muralla romana de Augusta Emerita. (Tesis de Licenciatura. Inédita). Cáceres, 1986. P. 142 y ss.

22)    Rosalía Mª Durán Cabello. Art. cit. P. 162.

23)    J. Álvarez Sáenz de Buruaga. “Una casa romana con valiosas pinturas de Mérida”. Habis 5, 1974. Pp.169-188.

24)    J. Mª¨Álvarez. “Nota sobre el mosaico de los Siete Sabios de Mérida”. Actas de la I Mesa Redonda Hispano-Francesa sobre Mosaicos Romanos. Madrid, 1989. Pp. 181-188.

25)    J. A. Calero Carretero. Op. cit. P. 92 y ss.

26)    Mª Pilar Caldera de Castro. “Aspectos del vidrio romano en Mérida”. Homenaje a Sáenz de Buruaga. Badajoz, 1982. Pp. 137-144.

27)    A. Blanco.”Los mosaicos romanos de Mérida”. Augusta Emerita. Madrid, 1976. Pp. 183-198.

28)    P. Sillieres. “Centuriation et voie romaine au sud de Mérida: contribution à la délimitation de la Bétique et de la Lusitaine”. Melanges de la Casa de Velázquez 18, 1982. Pp. 437-448.

29)  E. Cerrillo. La vida rural romana en Extremadura. Cáceres, 1984. P. 56 y ss.

30)  A. Rodriguez Díaz. Op. cit. P. 178,  fig. 25.

31)    J. Gorges. “Prospections archéologiques autour d’Augusta Emerita. Soixante-dix sites ruraux. Enquête de signification”. Revue des Études Anciens 88, 1986. Pp. 215-236.

32)    J. Mª Álvarez y Trinidad Nogales Basarrate “Los mosaicos de la villa romana de “Panes Perdidos”. Solana de los Barros (Badajoz)”. Anas 7-8, 1994-95. Pp. 89-106. Lam. 6-15.

33)    J. A. Calero Carretero. “Un pequeño establecimiento agrícola romano de “El Borril” (Alange. Badajoz)”. XIII Jornadas de Viticultura y Enología de Tierra de Barros. Almendralejo, 1992 Pp. 537-549. 

34)    Ibidem. “Excavaciones en la PARS RUSTICA de la villa romana de “El Almadén” (Alange. Badajoz)”. XIV Jornadas de Viticultura y Enología de Tierra de Barros. Almendralejo, 1993 Pp. 295-306.

35)    Cf. A. Rodríguez Díaz. Op. cit. P. 115 y ss. Cuando el autor describe brevemente los materiales y restos que se aprecian en superficie casi siempre los califica de fragmentos.

36)    J. Arce. “El missorium de Teodosio I: Precisiones y observaciones”. Archivo Español de Arqueología 49, 1976. Pp. 119-139.

37)    Real Academia de la Historia. El Disco de Teodosio. Editado por M. Almagro-Gorbea, J. Mª Álvarez Martínez, J. Mª Blázquez Martínez y S. Rovira. Madrid, 2000.

38)    J. A. Calero Carretero. “El lugar del hallazgo”. El Disco de Teodosio. Madrid, 2000. Pp. 99-105.

39)    J. Mª Álvarez Martínez. El puente romano de Mérida. Badajoz, 1983. Pp. 24-25, fig. 3.

40)    J. M. Abascal Palazón. “Algunos relieves arquitectónicos visigodos de Guadalajara”. Wad-al-Haraya 5, 1978. Pp. 255-258.

41)    Gracias a la colaboración y generosidad de D. Luis Alcaide Díaz y D. Joaquín González Fernández hemos incorporado a la Colección Monsalud una inscripción de mármol, de época cristiana, procedente de “El Friadal”. La pieza está en proceso de publicación.

42)    Cf. En estas mismas Jornadas la comunicación presentada por Mercedes García Hernández y J.D. Carmona Barrero.

43)    J. A. Calero Carretero. Art. cit. P.  105.