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            Nacido[1] en Jaraíz de la Vera (Cáceres) en 1571, no sabemos nada de sus primeros años. En 1589 se matricula en Artes (filosofía) en Salamanca, y se gradúa Bachiller tres años después. Al mismo tiempo estudia griego y latín y, al terminar Artes, se matricula enseguida en Teología.

            En 1594, al reabrirse, tras seis años de cierre, el Colegio Trilingüe (donde el Brocense había iniciado su carrera de profesor), oposita y gana una beca de colegial de griego. Allí perfeccionó sus conocimientos de esta lengua, a la vez que profundiza en el latín y empieza a estudiar hebreo, sin abandonar los estudios de Teología.

            En 1598, por dificultades económicas insalvables, se cierra de nuevo el Colegio Trilingüe, a pesar de la lucha de Correas por evitarlo. Para compensar la pérdida de su beca, se le concede una cátedra de griego de menores (de primer curso) por cuatro años, y comienza así su carrera docente.

            En 1601, con los estudios de Teología terminados hacía dos años, se ordena sacerdote. Ese mismo año obtiene por oposición una cátedra de griego de medianos, donde explica autores como Homero, Esopo, Tucídides, Demóstenes... Los visitadores de cátedra elogian la preparación de Correas, así como su puntualidad y asistencia, virtudes que conservará siempre (y que no eran muy frecuentes en los profesores de la época). Así suele conseguir que el Claustro acceda a sus reiteradas peticiones de aumento de sueldo.

            En 1610 consigue finalmente ser catedrático en propiedad, pero no de griego sino e hebreo. En 1615 oposita a la cátedra de griego de mayores y la gana en propiedad, y consigue del Consejo de Castilla la compatibilidad para desempeñar ambas cátedras.

            Además, desde años atrás, era capellán del Hospital del Estudio, y pocos años después le concede el Claustro el cargo de corrector de imprenta.

En 1630 se jubila de sus cátedras, y muere al año siguiente. Deja todos sus libros al Colegio Trilingüe, que nunca consiguió ver abierto de nuevo, a pesar de su gran esfuerzo.

            La biblioteca[2] de Gonzalo Correas ha sido recientemente analizada por Rodríguez-San Pedro Bezares. La donación, escribe Rodríguez-San Pedro, se producía en un momento de franco declive en la preocupación por acrecentar la Librería universitaria. Por lo demás, el número de más de 800 volúmenes hacía de la biblioteca de Correas una del más alto nivel científico y filológico.

            Porque, dados sus profundos conocimientos filológicos, la biblioteca adquiría un altísimo valor. En el paralelo que hace Rodríguez-San Pedro, dejando al margen los porcentajes concretos, la biblioteca de Correas era muy superior a la universitaria en libros hebreos (113 frente a 8), arábigos (3 frenta a 0) y caldeos (1 frenta a 0). Concretamente, en el campo filológico, escribe: En confrontación con el arcaísmo del inventario de la Librería universitaria en 1610, pueden señalarse contactos de Correas con las novedades y autores modernos de las disciplinas filológicas, como por ejemplo el Brocense.

Se trata de una biblioteca eminentemente técnica. Lenguas clásicas, con numerosos autores y con especial interés por las gramáticas arábiga, caldea, hebrea (Martínez de Cantalapiedra), latina (Nebrija, Juan L. de la Cerda) castellana (Nebrija) o la Minerva de Sánchez de las Brozas. Además, en ella podemos encontrar las obras de los grandes humanistas (Valla, Erasmo, Poliziano, Budé, Vives, Lipsio...), pero también autores clásicos (de Hipócrates a Platón y Aristóteles) y filósofos y teólogos escolásticos (de San Agustín a Tomás de Aquino) Y, por supuesto, la Biblia de Plantino. Correas poseía, además, muchos libros de Historia, medievales o modernos y, como no podía ser menos, las obras de los mejores escritores castellanos: libros de caballerías, el Romancero, Jorge Manrique o Garcilaso, la Celestina, Fr. Luis de León, Cervantes, Lope, Góngora o Quevedo.

            Estamos, por tanto, ante una biblioteca espléndida. Sobre el alcance de su donación, Rodríguez-San Pedro, al observar el descuido con que fue tratada, no puede menos de escribir: la conclusión se impone por sí misma: merma y descuido de la librería donada por el maestro Correas, en un ambiente de declive de los estudios de griego y hebreo, y en una Universidad cuya Biblioteca central había perdido hacía tiempo el empuje renovador que se iba desmembrndo paulatinamente.


[1] Puede verse una pequeña reseña biográfica en: http://canalsocial.net/biografia/biografiacontenido.asp?nom=CORREAS,GONZALO

[2] Este epígrafe de la biblioteca de Correas ha sido extraído de: http://www.universia.es/contenidos/bibliotecas/exlibris/contido/estudios/bibliotecas.html

 

 


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