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la bocina del apóstol>Investigación y experiencias educativas>Educar hijos hoy
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CÓMO EDUCAR a NUESTROS HIJOS e HIJAS HOY Tomás García Muñoz Orientador del I.E.S. Santiago Apóstol Almendralejo
En
los últimos días del pasado diciembre se presentó un estudio realizado, con
jóvenes de entre 14 y 20 años, por la Fundación de Ayuda a la Drogadicción
(FAD). Estas eran algunas de sus conclusiones: -
La familia continúa estando a la cabeza de los
valores considerados más importantes por los españoles. -
Las tensiones y conflictos entre padres e hijos se
traduce para aquellos en confusión y desorientación. De hecho un tercio de
padres con hijos adolescentes siente que no educa bien o que no sabe hacerlo. -Alrededor de un 40% reconoce que no sabe manejar bien los
conflictos de convivencia y uno de cada cinco padres afirma sentirse
desbordado, especialmente por la exigencias económicas de sus hijos. Megías, E. (2002). Para muchos educadores son resultados lógicos y
esperables, pero a la vez preocupantes, porque nos hacen ver hasta que punto esta sociedad que nos ha tocado vivir sigue mermando progresivamente la capacidad
formativa de las familias. Muchos padres y madres españolas apenas
entienden a sus hijos, dialogan escasamente con ellos, no saben qué postura
adoptar ante sus demandas, su rendimiento escolar o sus problemas (García
Garrido, 2002). La solución que solicitan los padres para salir de esa
“desorientación”, en lugar de buscar estrategias que les lleven a estar mejor
formados o que faciliten una mayor comunicación con sus hijos, consiste en
demandar a los profesores que eduquen mejor, a los medios de comunicación que
sean más educativos, a los gobiernos más ayudas económicas y fiscales para la
familia y que “Papá Estado”, en forma
de leyes, policía y sanciones, controle con decisión algunas actividades, de
las que ellos han dimitido. De esta manera hacen responsable de su dejación y
de sus consecuencias a otras instituciones sociales. Con estas líneas pretendemos aportar “un poco de luz” a
ese amplio porcentaje de padres que “siente
que no educa bien o que no sabe hacerlo” (Megías, 2002). Conseguir, al
menos en parte, este ambicioso objetivo le toca juzgar a Vd. padre, madre,
educador y, en todo caso, lector. La educación de los hijos es una tarea difícil. La educación es una tarea larga, difícil y, muchas veces,
desagradecida. La educación perfecta no existe, porque es obra de hombres, y es
obvio que no somos nunca perfectos. Por otra parte, los conocimientos que nos
proporcionan la Psicología y la Pedagogía hay que aplicarlos a cada hijo/a y
ahí se cruzan con una gran cantidad de variables que condicionan la educación
de ese/a chico/a: la propia personalidad del chico/a, la de sus padres o
educadores, sus problemas, sus circunstancias concretas... A pesar de las dificultades señaladas y de que el oficio de “educador de sus hijos” no tiene, todavía hoy, un aprendizaje
sistematizado, los padres están
obligados a formarse y a conocer
unos principios educativos, que la mayoría desconocen. El psiquiatra
sevillano Luis Rojas Marcos, miembro de la Academia de Medicina de Nueva York,
afirma al respecto: “Es importante enseñar a las personas a ser padres y
madres, el instinto no nos enseña. Hoy en día ser padre o madre es complicado;
nos exigen un carnet para conducir, pero no nos hace falta un carnet para tener
niños”. (Rojas, 1998: 10) Las Escuelas de
Padres pretenden solucionar este problema, pero sólo lo consiguen a medias.
En primer lugar, porque los tres primeros años de la vida del niño -cuando
todavía no asiste con regularidad a un centro educativo- son transcendentales
para la formación de la futura personalidad, especialmente en el terreno
afectivo y de las actitudes, así como en los ámbitos intelectual y social (Cf.
García Muñoz, 2002). Tampoco las
Escuelas de Padres cubren sus objetivos cuando el niño está en la
escuela, porque suelen utilizarlas los padres y madres que “menos lo
necesitan”; el resto o son conscientes de sus carencias para afrontar la
educación de sus hijos o, simplemente, no lo consideran necesario/importante. A continuación exponemos unos principios básicos que
puedan servir a las familias (padres y madres juntos) de referentes para
abordar la tarea educadora con sus hijos/as. Pretendemos despertarles
inquietudes acerca de la necesidad de prepararse, especialmente en este tiempo
que nos ha tocado vivir en el que los
cambios en la sociedad se producen a un ritmo de vértigo que nos desborda y
sobrepasa. Al final del artículo recomendamos unos materiales (libros y páginas
de internet) que creemos que pueden ser de gran ayuda para los padres y madres
que quieran profundizar en su formación en beneficio del crecimiento personal
de su hijos/as. PRINCIPIOS BÁSICOS PARA EDUCAR
A LOS HIJOS. Sin pretender agotarlos vamos a desarrollar cinco
principios o líneas de actuación que nos parecen especialmente importantes, en
los que se deberá basar la labor educadora de los padres: A.
AUTORIDAD. No nos resistimos a introducir este apartado sin
transcribir unas líneas de un catedrático de la Universidad de Málaga, que
creemos ilustrativas acerca de la necesidad
de la autoridad para educar. “... una madre llorosa me contó que su hijo, que entonces
tenía catorce años, le había dado una patada por taparle el televisor mientras
marcaban un gol. La pobre había sido pateada en acto de servicio; ya que, en
ese momento, depositaba ante su excelencia una bandeja con la cena. La señora
me confesó además, que su hijo no admitía otro menú que no fueran huevos fritos
con patatas y que no había comido otra cosa en los últimos años. Ella no se
había atrevido nunca a reñirle, y mucho menos a darle un buen cachete; pues,
según había entendido a los psicólogos de las películas americanas, estaba
convencida de que esto produciría en su hijo un trauma infantil irrecuperable. Ayer me encontré por el barrio con el niño en cuestión.
Ya ha cumplido veinte años, y caminaba bajo el peso de una capa adiposa
exuberante: doble papada..., barriga descolgada... haciendo suponer un embarazo
de mellizos [...]. De la conversación saqué la idea de que se le había quedado
el alma tan fofa como el cuerpo. Pensaba que tenía que ir a un gimnasio; pero
... su principal deporte seguía siendo ver televisión. Pensaba que tenía que
estudiar más para acabar la carrera, pero se quejaba de lo desmesurado del
esfuerzo” (Esteve, J.M.2003). Al hablar de autoridad, no nos referimos a autoritarismo
(abuso de la autoridad / sumisión incondicional), sino al sentido auténtico y
profundo del término: superioridad y prestigio reconocido y ganado
por/ante las personas sobre las que se ejerce. La palabra autoridad tiene mala prensa, especialmente en
el campo de la educación. Por un lado, los seguidores de la “antipsiquiatría”
difundieron una teoría que sembró miedo y pasividad en muchos padres: “había que tener cuidado con frustrar al
niño”. En España, esta teoría
coincidió con la transición a la democracia y desde muchos medios,
especialmente la TV, se nos hizo creer que toda la educación tradicional de la familia había sido autoritaria,
nefasta, frustrante... Evidentemente que era mejorable, pero en este contexto se cambiaron los valores implícitos a
aquel tipo de educación por “ninguno”.
“Temerosos de aplicar la misma autoridad con que fuimos
educados, en muchos casos no hemos hallado una forma más tolerante de
transmitir valores que el silencio absoluto. Nuestros hijos no saben nada de lo
que vieron y vivieron sus abuelos. Dudo de que sepan que a su edad a nosotros
nunca se nos daba la razón; que para nuestros padres la razón siempre la tenía
el maestro”. (Aulestia, 2000) El
padre y la madre, de forma consensuada, habrán de ejercer de padres. Y ello supone negociar muchas cosas
-especialmente las normas de convivencia -, pero también decir “no”, marcar
límites muchas otras veces. Igual que ponemos límites para que un niño de dos
años no se asome a una ventana de un cuarto piso, o juege con la bici por una
carretera, habrá que marcar otros
muchos límites que no pueden ser negociables, convirtiéndose en normas de
obligado cumplimiento: no agredir, no robar, no insultar, las horas mínimas de
sueño, los programas de televisión que no debe ver, las horas mínimas de
estudio, o TV., etc. Pero no basta con poner las normas, es tan importante como
establecerlas controlar su cumplimiento y es ahí donde fallan muchos padres porque eso implica una larga y constante exigencia, a los hijos, y hacia
ellos mismos. “Para que una
familia funcione educativamente es imprescindible que alguien en ella se
resigne a ser adulto. Y me temo que
este papel no puede decidirse por sorteo ni por una votación asamblearia. El
padre que no quiere figurar sino «el mejor amigo de sus hijos», algo parecido a
un arrugado compañero de juegos, sirve para poco; y la madre, cuya única
vanidad profesional es que la tomen por hermana ligeramente mayor que su hija,
tampoco vale para mucho más” (Savater,
97: 62-63). Para Sutter y
Luccioni, dos psiquiatras franceses clásicos, los hijos de padres autoritarios se rebelan y viven la aventura de
transgredir las reglas hasta reorganizar sus propias normas, pero los niños criados sin normas carecen de
referentes para organizar su propia vida. Acostumbrados a hacer su santa
voluntad se sorprenden cuando alguien les plantea una exigencia, un esfuerzo o
una obligación (Esteve, 2003). Estos chicos
terminan convirtiéndose en tiranos, primero con su familia, después en la
escuela y, por último, en los grupos sociales en los que pretendan formar
parte. La flexibilidad, un valor muy
importante para educar, no puede
confundirse con tolerancia generalizada o permisividad sistemática. Especial interés habrán de poner los padres en controlar
el sometimiento de sus hijos a las
niñeras electrónicas de hoy: ordenador, internet, videoconsola,
televisor... La falta de control sobre estos medios se reflejará, no pocas
veces, en bajos rendimientos escolares, adicción a ellos o en problemas en su
salud psíquica. El problema del fracaso escolar tiene, en muchos casos,
un origen en la mentalidad hedonista, que se traduce en el ámbito familiar en
una educación permisiva, sin sentido del límite y sin estímulos para conseguir
todo sin esfuerzo. ¿Cómo va la escuela a estimular la cultura del esfuerzo si
desde todos los flancos de la sociedad los chicos respiran la cultura del
hedonismo? ¿Quién puede transmitir el valor del esfuerzo en aquellos alumnos
cuyos padres les educan en un estilo «laissez-faire« (“haz lo que te dé la gana”). B. EJEMPLO. En otro lugar
hemos hablado extensamente de la necesidad e importancia del ejemplo en padres
y profesores para educar (García Muñoz, 2002). Remitimos al lector a ese
artículo, soportado en las modernas teorías psicológicas sobre el aprendizaje. “Lo primero que tienen que meterse los padres dentro de
su cabeza es que los valores morales, éticos y religiosos con los que pretendan
educar a sus hijos deben estar firmemente asumidos y tener la profunda
convicción de que constituyen lo mejor para ellos, principios y valores que han
de ser siempre defendidos y, por lo mismo, actuar en conformidad con ellos, sin
que haya nada más pernicioso que el «doble mensaje» de decir «debes hacer y
pensar esto» mientras ellos hacen y piensan lo contrario o, como mucho, son
indiferentes”. (Mendiguchía, 2002). C.
ESTAR
CON LOS HIJOS. A veces los
padres no tienen más remedio que estar fuera de casa por el tipo de trabajo que
desarrollan o por necesidades
económicas perentorias. Pero, la mayor parte de las veces la vida moderna nos
atrapa en una espiral de trabajo, compromisos (cenas, viajes, reuniones...). De
forma que, cuando nos damos cuenta, ni estamos al lado de nuestros hijos, ni
disfrutamos de /con nuestros hijos en la edad que se puede hacer, se debe hacer
y es necesario hacerlo. Pero pronto comenzamos a encontrar justificaciones: “llegan muy tarde del colegio”, “nosotros
volvemos a casa muy cansados” y a veces ni el fin de semana se utiliza para
estar “de verdad” con nuestros hijos. Para empezar, muchos padres valoran como mejor colegio el
que más horas tenga “atareado” al
chico, o le “apuntan” a ballet,
clases de inglés, natación... De hecho, en muchas ciudades está emergiendo la figura del “padre/madre taxista de tarde” que “reparte/recoge” a sus hijos de
academia en academia. En el fondo, los padres hoy siguen buscando lo mejor
para sus hijos, se preocupan por su educación pero muchos han errado en sus prioridades: “Buscan para ellos lo mejor en términos de centro
escolar, actividades extras, idiomas, libros, recursos informáticos, profesores
particulares. Pero han desaprendido -hemos desaprendido- que todo esto es
secundario, mientras que lo fundamental se nos escapa como agua entre los
dedos. Lo fundamental no es que los hijos cuenten con recursos abundantes, ni
con otras ayudas, sin con nuestra implicación permanente en su vivir diario y
muy especialmente en su formación. Olvidamos, .... que la función educadora no
es algo que pueda ejercerse de modo directo, en algún ratillo suelto, sino que
se aposenta sobre otras acciones y funciones ... Si no somos sus padres quienes
atendemos personalmente a sus necesidades e inquietudes diarias y no
compartimos de modo habitual sus espacios y sus tiempos de ocio, difícil lo
tenemos. Si hemos transigido con que se aburran en casa y se diviertan fuera,
más nos valdría pensar un poco a qué conducen nuestras inhibiciones”. (Garrido, 2002) La necesidad de estar con los hijos, decíamos en el
artículo al que nos hemos referido más arriba, es mayor cuanto más pequeño es
el niño. Los padres son los verdaderos
responsables de la educación de sus hijos y ésta no puede ser delegada en
los demás, por muy buenos y competentes que nos parezcan los demás. Baste aquí
citar unos indicadores que nos sirvan de aviso de que como padres comenzamos a
desentendernos de nuestros hijos: no controlar sus tareas escolares, no saber
quienes son realmente sus amigos, no querer influir en la elección de los
mismos si ello fuera necesario, no saber donde se encuentran en sus ratos
libres, dejar un televisor en la habitación del hijo... “Si esto ocurre es que estamos perdiendo el hilo educativo de nuestros
hijos”. (Mendiguchía, 2002) No estar con ellos significa delegar, por defecto, en la
calle, en el ordenador, la videoconsola o en la televisión, con toda la carga
manipuladora y violenta que esta última suele transmitir, aún en las bandas
horarias pretendidamente infantiles. “A los niños de la sociedad moderna les sobran las
computadoras pero les faltan caricias de los padres... Si persiste el
fetichismo de los medios técnicos nuestra civilización podría perder
paulatinamente el sentimiento humano, hasta el punto de convertirse en una
sociedad de espectadores saciados que renuncian a ser protagonistas de su
propia existencia”. (Mayor Zaragoza, 1999). Ninguno de los padres ausentes logra transmitir la imagen
positiva que esperan y necesitan los hijos... Estos hijos se van educando,
inacabados, dolientes, resentidos, hambrientos de autoridad y sedientos de la
seguridad que el padre ha proporcionado siempre. (León de Molina, 1997) Con objeto de desarrollar operativamente este principio proponemos a los padres y madres, a
modo de ejemplo, las siguientes tareas concretas: - Tener un rato de tranquilidad al día para compartir con nuestros
hijos. -Compartir con ellos momentos de comunicación y de ocio. La
comunicación óptima emerge, muchas veces paralelamente a la realización de otra
actividad, y suele ser muy provechosa: juntos en el coche durante un viaje,
fregando la vajilla madre/padre junto hija/hijo, lavando el coche... -Dar prioridad a las vacaciones, las salidas o el descanso en familia. -Hacer cosas juntos. -No elegir la TV en detrimento de otras actividades: charla en
familia, jugar con los amigos. D. DIÁLOGO. Si dedicamos tiempo a estar con los hijos/as, utilizamos la metodología
educadora del ejemplo, nos hemos ganado y ejercemos la autoridad con ellos;
todo esto hemos de acabar sazonándolo con el diálogo. Diálogo supone, en primer lugar espontaneidad en las relaciones padres hijos. Implica, a su vez,
una confianza mutua entre padres e hijos y debe evitar “muros de Berlín” que separen las ideas, afectos, proyectos, etc. y
que en la familia haya compartimentos estancos sin comunicación entre ellos. No
obstante, los padres deben entender que, especialmente los jóvenes, preserven
su intimidad con “secretos” a los que no permiten les permiten acceder. “Los niños sometidos desde muy temprana edad a programas
muy rígidos y pormenorizados acaban en muchas ocasiones mintiendo para quedar
bien y tener algo de qué hablar, mientras que la espontaneidad lleva unas
relaciones fluidas...” (Mendiguchía, 2002) En esta misma línea, aportamos el testimonio de un
orientador escolar que ha tratado a muchos adolescentes con problemas de aprendizaje: “Educar desde los primeros años en la comodidad y la
indolencia es un riesgo para convivir en un mundo competitivo... La ausencia de
disciplina suele llevar al desastre. Cuando el niño no adquiere disciplina en
la familia y en el colegio, después acaba imponiéndosela el mundo. Un problema
sólo se resuelve cuando se intenta afrontar y, con actitud positiva, se
identifica cuidadosamente y se trabaja para resolverlo. No cabe decir del
chaval «es que es así», «es que no puede», «es que no es capaz»; todos los
niños pueden cambiar a mejor y superar dificultades. Para ello basta que los
padres se lo hagan ver así y le ayuden a admitirlo y a convencerse de ello...
El camino hacia la comprensión, el entendimiento y la educación no puede ser
otro que el diálogo. Sin olvidar que el diálogo implica escucha... Nuestros
hijos en edad escolar, inseguros por definición, deben saber que los queremos y
que siempre estamos dispuestos a escucharlos y apoyarlos”. (Cuenca, 1999) El diálogo educativo exige que nuestros hijos sepan siempre lo que pensamos y lo que nos parece óptimo
en su comportamiento o en sus decisiones, desde un punto de vista ético.
Hasta ahí estamos obligados a llegar
siempre, aunque a determinadas edades
ya no podamos o debamos exigir su cumplimiento. Algunas sugerencias para desarrollar en
familia, relacionadas con el diálogo: - Hacer partícipes a todos los miembros de la familia de todos los
temas del hogar, dificultades en el trabajo, problemas laborales, compra de una
nueva vivienda, planificación de las vacaciones...) -Comer en familia. A ser posible con la TV apagada, para propiciar la
comunicación. -Propiciar reuniones familiares (cumpleaños, celebraciones...). E. PREMIOS Y CASTIGOS. El seguimiento y control de las
normas que hemos consensuado o exigido, como mínimos innegociables, nos conduce
directamente a la necesidad de dosificar las sanciones y premios. Para educar hemos de
tener presente que el valor del premio
es muy superior al del castigo. En lugar de censurar a nuestros hijos (“esto no se dice”, “eso no se hace”,
“aquello está muy mal”) hemos de acostumbrarnos a felicitarles por las
cosas bien hechas (aunque sea su obligación): ante cualquier avance en su forma
de comportarse, por pequeño que haya sido e independientemente de los resultados;
por el esfuerzo realizado, por un detalle con otra persona... Para Miret
Magdalena (2003) el castigo difícilmente consigue algo. Lo cual no quiere decir
que no tenga que haber restricciones, que eso también es educación, acostumbrar
al niño a que las hay. Así es la vida y no pasa nada. No se trata del castigo
por el castigo, sino de aprender que si no se respetan los límites es peor. Este principio implica que los padres habrán de ser
coherentes consigo mismo y entre ellos. No podemos reir o “hacer la vista gorda” un día y sancionar
otro, o exigir una cosa el padre y la contraria la madre. Porque, en primer
lugar, estaríamos “amaestrando” para
que se comportara en cada momento / con cada persona, pero no educando. Además,
tanto la carencia de control como la falta de consistencia en aplicar castigos,
la falta de acuerdo ente los padres o el empleo del castigo físico favorecen, entre otras consecuencias, la adquisición de conductas agresivas.
De otra parte, si sólo prestamos atención, por ejemplo, a los comportamientos
agresivos o inadecuados de nuestros hijos, estos los repetirán con mayor fuerza
cada vez que deseen llamar nuestra atención. A nivel práctico, proponemos: - «No reñir en caliente... - No sancionar para “hacer expiar la culpa”, sino
para “sensibilizar” (castigo formativo). Hay que explicar el sentido de la
sanción impuesta. - Sancionar con calma. Nuestra “sangre fría” puede
ayudarle al chico a meditar sobre su situación, incluso a aceptar nuestro
análisis. - Esto no significa indiferencia, o “dejar las cosas
como están”; tenemos que expresar con firmeza nuestro parecer... Respecto a “premiar” ..., es importante detenerse un
momento... A veces una palabra de aliento, un reconocimiento en público o una
comida extraordinaria, tienen más validez ante los niños que regalos costosos.»
(García, J.; 2000) LO QUE NO SE DEBE HACER EN LA
EDUCACIÓN DE LOS HIJOS. A
modo de resumen, hemos de concluir que no
podemos dejar que la educación de los hijos aparezca en quinto o sexto lugar en
las prioridades de los padres. Transcribimos a continuación a dos autores
con unos textos clarificadores acerca de cómo no se debe educar a los hijos: Los
padres no deben considerar al hijo/a: “- Como un «enano»; según este criterio el niño no es más
que un adulto que no se ha desarrollado todavía, pero que siente, padece,
piensa como él y sus motivaciones son parecidas (adultomorfismo). - Como una
«marioneta»; que debe responder en todo momento a sus deseos (si tiro de un
hilo tiene que hacer esto, si tiro de otro lo contrario). - Como un «robot»;
que se programa y no puede pensar por su cuenta. - Como un «ángel»»; al que hay
que adorar como un ídolo porque no tiene defecto alguno. - Como un «demonio»;
que no tiene más que defectos y ha de ser corregido continuamente. - Como un
«cachorro»; del que no tenemos que preocuparnos más que de su salud física sin
caer en la cuenta de que tiene un desarrollo psicológico y espiritual que hay
que seguir atentamente.” (Mendiguchía,
F. J.; 2002) BIBLIOGRAFÍA (1). AULESTIA,
K. (2000): “La otra historia”. En El Correo, 14 de Julio de
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GARCÍA MUÑOZ, T. (2002): “¿Educación o Enseñanza? ¿En la familia o en la
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página 3 **
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descargarse de www.fad.es/estudios/hijos_padres.htm MAYOR
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MENDIGUCHÍA, F. J. (2002): “Educar es difícil..., pero hay que hacerlo”. En Artículos
de Francisco J.Meniguchía. : http://www.interrogantes.net/includes/sección.php?IdSec=225 MIRET
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Praxis. Barcelona, nº 320. Enero. págs. 38-48 ROJAS
MARCOS, L. (1998): “Luis Rojas Marcos. Retos sociales para una educación
innovadora”. En Cuadernos de Pedagogía, Praxis, Barcelona. nº 268, Abril. **
SAVATER, F. (1997): El valor de educar. Ariel, Barcelona. ** TIERNO,
B. (2002): Educar a un adolescente. (La Guía con todas las Respuestas).
Temas de Hoy. Madrid. **
VALLEJO NÁJERA, A. (1998): La edad del Pavo. Taller de
Editores, Madrid.
(1) Los libros o artículos precedidos de “**” se recomiendan para la
formación de padres y madres.
Páginas
web de especial interés para padres y
madres. Escuela
de padres y madres. Página
de ayuda y orientación a los padres con hijos en edad escolar. Comportamientos
inadecuados, problemas de salud, dificultades... www.cnice.mecd.es/recursos2/e_padres/ Escuela
de padres y madres ... Colección de artículos de Cibereduca URL: http://www.cibereduca.com/especial/articulos.htm.
Escuela
de padres. Un plan de formación para padres en
aspectos ... Escuela de padres. Un plan de formación para padres en aspectos
psicopedagógicos y ambientales. ... Escuela de Padres _ Introducción. ... www.educoweb.com/escuelapadres.aspv Escuela
de Padres Página
principal de la Escuela de PadresEscuela de Padres de Médica de Tarragona... www.medicadetarragona.es/padres/ Escuela
de Padres. Por que una escuela de padres? La respuesta se hace
obvia cuando hablamos con cualquier madre o padre... www.teleline.terra.es/personal/asstib/escpa.htm Escuela
Virtual de Madres y Padres de Extremadura Escuela de Padres y
Madres, Esta "Escuela Virtual de Madres y Padres de Extremadura",
está dirigida a todas las madres y padres ... www.nccintegrared.org/portal/enredamos/escuela.htm
Escuela
de padres... ESCUELA DE PADRES. OBJETIVOS CURSO 2001/2002,
Informar y formar a los padres y madres para facilitar la comprensión y
tratamiento ... www.averroes.cec.junta_andalucia.es/
~18009766/escuela_de_padres.htm Colegio
Mestral. _Escuela de padres Un colegio de familias. El
éxito escolar requiere un trabajo conjunto del colegio y los padres. Además de
la preceptuación, organizamos ... www.institucio.org/mestral/spares.htm Educación.
E_Learning. Escuela de Padres. ... Campus Cursos por áreas Escuela de Padres. ... www.es.educaterra.com/hojasbbdd/hojas/solohijos/
home.jsp?idapr=21_542_esp_1__ Escuela
de Padres Proyecto Escuela de Padres. Introducción; Necesidad de
Crear Escuela de Padres; Fundamentos; Objetivos; Beneficiarios del Proyecto;
... Escuela de Padres. ... www.consudec.org/cupfra/Escueladepadres.html
Internet
Familia: Educación... para
Padres Los hábitos afectivos de los adolescentes han sufrido una transformación
vertiginosa en los últimos años. La desorientación... www.familia.cl/familia/educacion/art26_5_00.asp Escuela
Virtual de Padres. Cómo
fabricar en casa un delincuente. ¿Cómo mejorar el rendimiento en los estudios?
Diseño curricular para hacer un hijo “tonto”.... temtrab11.htmhttp://www.geocities.com/Athens/Olympus/8168/TemTrabHij.htm
Sólo Quiero Rollo. Sólo quiero rollo, Javier Láinez. Los
hábitos afectivos de los adolescentes han sufrido una transformación
vertiginosa en los últimos años. ... www.geocities.com/Athens/Olympus/8168/temtrab216.htm
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