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La GLOBALIZACIÓN Francisco Gragero Ruiz Profesor de Economía del I.E.S. Santiago Apóstol
La Real Academia Española nos da la definición de : “tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales”. Por su parte, el Fondo Monetario
Internacional (FMI) dice: “la globalización es la interdependencia económica
creciente del conjunto de los países del mundo, provocada por el aumento del
volumen y la variedad de las transacciones trasfronterizas de bienes y
servicios, así como de los flujos internacionales de capitales, al tiempo que
la difusión acelerada y generalizada de la tecnología”. Esta
última definición se acerca más a un concepto puramente económico, que casi
desplaza al resto de las áreas de la sociedad sobre las que vemos también los
signos de la globalización. Pero, la globalización es un concepto más amplio,
que nos afecta a todos los ciudadanos y no únicamente al terreno económico. Es
como si dijésemos que la única globalización que debe existir es la financiera,
no la de los derechos humanos, ni la de la justicia,... Podemos
decir que la globalización no es un fenómeno nuevo, sino que ha existido desde
que se empezaron a relacionar los distintos continentes. El proceso de
globalización no ha sido continuo y ha habido épocas en que se frena de alguna
manera su desarrollo, un ejemplo han sido los períodos posteriores a las
Guerras Mundiales. Hoy en día, los frenos pueden ser de otro tipo, como: los
movimientos antiglobalización, el cambio de ciclo económico, los atentados
terroristas contra las Torres Gemelas en EEUU. Todo ello hace que la política
de intercambio financiero y el flujo de personas y mercancías entre los países,
disminuya de manera considerable. Han
existido varios momentos globalizadores, pero el más reciente tiene
características distintas, pues se asienta en una revolución tecnológica (la
era de internet) y afecta en mayor medida a los mercados financieros.
Actualmente grandes sumas de dinero se mueven de un país a otro en breve
tiempo, durante las veinticuatro horas del día, y todo ello gracias a la
tecnología digital. Debido a esto, la información se convierte en el producto
más valioso de la nueva economía global. De momento, la única
globalización que realmente existe es la financiera, que es una parte de la
globalización económica y ésta, a su vez es una parte de la globalización total
(aquella que englobaría todos los sectores y todos los países del mundo). Los
países ricos que fueron los que más presionaron, para que se practicase la libertad
absoluta de capitales, son ahora los que ponen trabas para que los países del
tercer mundo exporten sus mercancías y compitan con los productos de las
naciones ricas. La
etapa globalizadora que estamos viviendo tiene, principalmente, tres características: -
Libertad absoluta del
movimiento de dinero a través de las fronteras. -
Libertad relativa de los
movimientos de bienes y servicios entre las naciones. -
Libertad muy restringida de los movimientos de personas y
trabajadores.
Las administraciones a veces se ven
impotentes ante el juego de los mercados de capitales. Así ocurrió entre 1994 y
1995 en México, coincidiendo con un cambio en la Presidencia de la República.
Esta época supone la primera crisis del mundo nuevo con mercados financieros
globalizados. Se devaluó la moneda (el peso), se hundió la Bolsa de valores, el
valor de las acciones de las empresas,... México quedó en la ruina. Con el fin de suavizar esta
situación, se proponen que existan poderes políticos que regulen estos poderes
o abusos económicos. Una de estas propuestas es la necesidad de una especie de
Gobierno Mundial de la Globalización. El Keynesianismo es una
doctrina económica que tomó su nombre del economista inglés John Maynard
Keynes, y nació en la primera mitad del siglo pasado, entre las ideas de los
extremos capitalistas y comunistas. Pone de manifiesto que es importante la
intervención estatal selectiva, la actividad fiscal y la política económica.
(el gobierno es la pieza fundamental de la gestión macroeconómica de la demanda).
El Estado vuelve a participar, porque se necesitan nuevas regulaciones contra
los abusos del mercado. No podemos saber si esta tendencia será duradera o, por
el contrario, es una medida que se está tomando sólo en estos momentos. Lo que
sí es verdad, es que la etapa en la que se ha desarrollado, ha supuesto un
beneficio para la economía mundial. Aunque
hablemos constantemente de globalización, hemos de destacar que existen
partidarios de una globalización alternativa. Estos movimientos son muy
heterogéneos, están compuestos por ecologistas, ONG, intelectuales, grupos
extremistas de distintas ideologías políticas, ciudadanos que no se incluyen en
ninguno de estos grupos (que van por libre),... Como son un grupo heterogéneo
de personas, también lo son en ideas. Pero éstas no son fijas y cerradas, sino
que se van adaptando a las necesidades del momento, se van proponiendo
alternativas frente a los nuevos pasos que va dando la globalización. Se
considera que este movimiento alternativo es necesario para que las cosas vayan
cambiando, que “otro mundo es posible” (que es lo que ellos piensan). En este grupo de personas
existe diversidad de opiniones y también formas de actuar. Encontramos tanto
personas que dialogan y se manifiestan pacíficamente, como otras que se valen
de la violencia para pedir lo mismo. Esto es lo que está haciendo que se vea al
movimiento antiglobalización como un enemigo peligroso, y estos actos de
vandalismo desprestigian las ideas y alternativas que se proponen. Dentro ya de lo que llamamos
globalización, se buscan alternativas para frenar esa inestabilidad económica
que conlleva la libertad absoluta del dinero. Una de ellas, es la Tasa Tobin,
que es un impuesto nuevo y universal que habría que crear con el objeto de
gravar las operaciones de dinero en los mercados de cambio. Con dos fines:
estabilizarlos y obtener recursos económicos para la comunidad internacional
que sufre esos movimientos, y aplicarlos para mejorar las condiciones de vida
de los ciudadanos. Los problemas de esto, son que los países ricos no quieren y
que no se sabe cómo y dónde se regularían esos impuestos recaudados. Otra propuesta es la Renta
Básica de Ciudadanía que es el ingreso pagado por el Estado a cada ciudadano de
una sociedad, por el mero hecho de serlo. Se cobraría incluso si el ciudadano
no quiere trabajar, si es rico o pobre, sin importar con quien viva,
independientemente del país en el que viva. Sería un derecho ciudadano, no el
resultado de la beneficencia. Pero habría que tener cuidado para que los ciudadanos
no cayesen en la fácil idea de dejar el trabajo por esta renta. La aparición del “terrorismo
global”, financiado en parte con dinero situado en paraísos fiscales, ha
abierto una sensibilidad nueva, de mayor control, sobre los mismos. Los
paraísos fiscales son aquellos territorios con un régimen fiscal bajo o nulo
que favorecen a los extranjeros que operan en él o las empresas domiciliadas en
el mismo. Lugares de refugio creados contra los impuestos. Pero estas grandes
sumas de dinero escapan a la vigilancia de las autoridades, que deberían evitar
el lavado de dinero. Se estima que un tercio de los haberes financieros
colocados en el mundo por particulares se encuentra en estos paraísos fiscales.
En muchos casos sólo se trata de capitales ganados de forma ortodoxa que buscan
una fiscalidad ventajosa.
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