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La METODONOIA o el USO del LENGUAJE Ángel Manuel Silva Ruiz Profesor de Lengua Castellana y Literatura Escribir
y hablar, como procesos internos que se manifiestan al exterior a través de un
soporte, requieren la utilización de unos mecanismos y estrategias conectadores
de sociología, psicología y lengua simultáneamente, con permiso de la
neurobiología. Gran esfuerzo. No me
interrumpas. Sociología para valorar ese sistema informal donde
se produce la adquisición espontánea de un determinado registro de la lengua,
que condiciona y delimita su uso. En este sentido, las lecturas recomendadas a
nuestros alumnos deben ser auténticamente recomendables para nuestros alumnos;
es decir, que sintonicen con sus capacidades e intereses pero que, además, les
posibilite el acceso a otros registros distintos de los habituales, sin por
esto quedarlos perdidos, in aeternum, en
un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. La
lengua oficial como código, desde sus niveles fonético, morfosintáctico y
léxico-semántico, establece unos planos que dibujan estructuras prescritas que
definen el uso de la lengua y suponen una traba constante para la expresión del
individuo. La lengua propone un conjunto uniforme, obsoleto, depurado y
prácticamente estanco, de laboratorio, que el emisor debe dominar con solvencia
y soltura si quiere expresar sus percepciones, sus ideas, ¿sus sentimientos?... El
método más empleado para su enseñanza suele ser el “método sevillana”. Lo
reconocerás inmediatamente con este ejemplo: “El
amor es un viento que va, viene y se va. Que
va, viene y se va, el amor es un viento Que
va, viene y se va. El amor es un viento Que
va, viene y se va”. Algo reiterativo. Sí,
pero, a veces... “funciona”, admite variantes de ritmo y materiales, que pueden
despistar y/o demostrar la capacidad de adaptación del ser humano. El
gran método, sin embargo, continúa siendo el “método libre”, en virtud de cual
el profesor ofrece su trabajo, fruto de horas, y el alumno imagina su propia
versión, su realidad, que no debería coincidir para nada con la de aquél,
puesto que la libertad de conciencia está
garantizada por la Constitución. La
psicología muestra un dispositivo de recepción y percepción, de filtro y
creatividad informativa, que marca un sello personal en la forma de
comunicación, relacionándola con un autor determinado, con un uso: no creo que Cela haya escrito tal libro,
porque lo habría escrito de otra manera; pero, ¿realmente escribió Cela algo o
era analfabeto? No te pases, tampoco Mateo escribió su dichoso evangelio
sinóptico y era santo. El
texto, en definitiva, constituye un mensaje con una idiosincrasia, unas reglas
y un estilo que denotan procedencia, conocimiento y sensibilidad u orientación
ante las informaciones recibidas y emitidas, bien escritas, bien orales. La socio, la meta, la psicolingüística,
representan pequeños fragmentos, como piezas de un puzzle enorme, de la
Lingüística, que es preciso encajar milimétricamente para presentar un texto ya
escrito, ya oral, ajustado a las pretensiones de emisor y receptor, para no
caer en el lapsus calami, lapsus linguae, y se lleve a efecto el
milagro de la comunicación interpretativa. En la composición del texto, se
conjugan los sistemas adquiridos, que precisan una confluencia o bifurcación
dependiendo del contexto, para representar correctamente el mensaje escogido.
Ahora que disponemos de tantos y tan sofisticados medios de comunicación,
apenas sabemos componer mensajes o todos componemos los mismos. ¿Por
qué? A eso vamos. Para
los profesionales de la enseñanza, el acercamiento a diversos registros
lingüísticos puede representar una mayor apertura social y mental, demandante
de una metodología renovada que justifique per
se la razón de dicho acercamiento, para ampliar las posibilidades del uso
de la lengua. De
este modo, la lengua se enriquece y puede ser el vehículo que agiliza, y no que
entorpezca, nuestro pensamiento, nuestras manifestaciones. Se trata de ofrecer
un conocimiento más diverso, más flexible, alejado del magister dixit, pero también más fructífero y productivo para las
habilidades y destrezas tanto orales como escritas. La
didáctica de la lengua debe ser la didáctica de los registros de la lengua o,
más exactamente, la posibilidad de fusionar y seleccionar, desde los sistemas
de aprendizaje, un acto voluntario, planificado y motivador, necesario en el
tramo académico (y hablando de académicos, enhorabuena a Arturo Pérez Reverte),
imposible, en muchos casos, en el familiar, y manipulado en círculos sociales,
siempre que no se trabaje como una mala adaptación pachanguera de un blues,
sino mediante un acto didáctico que sea respetuosos, flexible y exigente a la
vez, con el emisor y el receptor. El aprendizaje de los códigos oral y escrito sólo puede ser eficiente con la implicación del alumno y su identificación con los registros lingüísticos empleados, no a partir de la ridiculización del uso que hacen sus padres, sus abuelos, sus amigos. Para pasar al código escrito al texto escrito, nos encontramos con numerosas dificultades, que se agigantan, en ocasiones, cuando queremos pasar desde el código oral al texto oral, porque existen una serie de temas y ambientes concretos en los que nos encontramos a gusto y dispuestos a dialogar, porque nuestro dominio del código sufre restricciones, a menudo en el peor momento, y porque la afluencia de palabras escasea en situaciones asimétricas de comunicación. Esto resulta especialmente grave si consideramos a la lengua el instrumento principal del que estamos dotados, para movernos por el mundo y relacionarnos en él, con él.
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