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la bocina del apóstol>Estudios>Serendipia
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DESCUBRIMIENTOS de la CIENCIA y la TECNOLOGÍA que
SUCEDIERON sin BUSCARLOS. La SERENDIPIA. Jesús Duque Macías(1) María de los Ángeles
Mateos Vázquez(2) 1. Departamento de Biología y Geología. IES Politècnic de Palma de Mallorca. c/ Menorca 1. Palma de Mallorca 07011. jduque@aglocem.com Tf: 971-734175. Geólogo y Licenciado en Filosofía y Letras. Presidente de la AGEIB (Asociación de Geólogos de las Islas Baleares). Miembro del Grupo de Trabajo CTS de Palma de Mallorca. 2. IES Juníper Serra. Son Cladera. Palma. mmateos@aglocem.com Geóloga e Historiadora del Arte. "En los campos de la
observación, el azar favorece sólo a la mente preparada". Louis Pasteur.
"La imaginación es más importante que el conocimiento". Albert
Einstein.
La historia del término Serendipia. Serendipia es un curioso término de gran riqueza expresiva.
Posiblemente no conozcáis esa palabra y por ello, siguiendo lo que nos han
enseñado, debemos buscarla en el diccionario de la Real Academia (de la Lengua)
Española. Pero, ¡sorpresa! comprobaremos que no aparece. La explicación es que
es un término no aceptado oficialmente aún. A pesar de todo cada día
aparece en más escritos, y de ello se hace eco Manuel Seco en su reconocido Diccionario del Español Actual, en este
caso bajo la forma de serendipidad:
“facultad de hacer un descubrimiento o un hallazgo afortunado de manera
accidental”. Aceptado por la Academia de la
Lengua Inglesa, se incluye en todos los diccionarios de Inglés editados con
posterioridad a 1974, con la siguiente definición de serendipity: “facultad de hacer descubrimientos afortunados e
inesperados por accidente”. Haciendo un poco de historia,
vemos que “El reino de Seréndip” se cita en una antigua y conocida obra
literaria: La historia de Simbad de Las
Mil y una noches. Reino exótico y oriental, parece ser que corresponde al
nombre persa, tomado a su vez del árabe sarandib
o serendib, denominación
ancestral de la isla de Ceilán/Sri Lanka. Un antiguo cuento anónimo narra
la historia de “Los tres príncipes de Serendip”: estos príncipes debían viajar
y solucionar problemas para en el futuro saber gobernar su reino. Pero cuando
intentan solucionar los interrogantes que ellos mismos se habían cuestionado
encuentran respuestas a otros problemas de mayor envergadura y que ni siquiera
se habían planteado. La llegada del concepto a
occidente se produce en 1754, cuando el escritor inglés Horace Walpole, en uno
de sus viajes por Asia, escucha el citado relato del que queda prendado. Tanto
es así que inventa el término serendipity,
para describir los descubrimientos o hallazgos que se han obtenido por
accidente y que aplica a algunas de sus propias creaciones literarias. Por
tanto en principio el concepto es utilizado en el ámbito de las humanidades,
pero poco a poco se irá introduciendo en otro tipo de literatura, como es la
científica. En 1955, la revista Scientific
American lo adopta como acepción técnica de referencia al descubrimiento
científico casual. Nuestra versión del concepto no
intenta ni pretende ser novedosa, se enmarcaría en la noción que se ajusta a
numerosos descubrimientos científicos, tanto teóricos como técnicos, que se
producen por casualidad, que se encuentran sin buscarlos, pero que no se
habrían realizado de no ser por la visión sagaz del investigador científico. El éxito del término y su fama
científica ha crecido en los últimos años, aunque también en otros ámbitos como
la literatura sobre creatividad, en heurística, uno de los proyectos de
búsqueda de vida extraterrestre lleva el nombre de “serendip”, incluso en una
acepción acaramelada y distorsionada (relacionada con el destino) aparece en la
reciente película de Peter Chelson de título “Serendipity”. Traducido al castellano, es
destacable el libro “Serendipia. Descubrimientos accidentales en Ciencia”, de
Royston M. Roberts, publicado en 1989, que recoge casi un centenar de
descubrimientos serendípicos, centrados en la industria química. Serendipidad, serendipiti,
serendipia... El editor del texto de Roberts, José Antonio Millán y otros
autores consultados proponen esta última forma, serendipia, como un neologismo especial correspondiente al término
inglés. Algunas veces se ha traducido al castellano como chiripa, a modo de traducción literal. Nosotros creemos que el
término chiripa sería más adecuado en
un lenguaje coloquial en tanto que serendipia
tendría su verdadero campo expresivo en el mundo de la ciencia y la tecnología.
La Ciencia serendípica. Está claro que para descubrir
cualquier nueva verdad científica hay que tener algo de suerte. Pero hay casos
en los que la suerte se convierte en serendipia, encontrar algo muy superior o
muy diferente a lo que se había planteado. Uno de los primeros casos
conocidos de serendipia se dio en el siglo III a.C. cuando el rey Hierón de
Siracusa encargó al matemático griego Arquímedes que descubriera si el orfebre
que le había fabricado su corona le había engañado, no utilizando todo el oro
que le había proporcionado. El rey sabía los lingotes de oro que le había dado
pero no sabía medir el volumen de la corona para compararlo. Estando Arquímedes
en los baños públicos metido en una bañera se dio cuenta que ésta derramaba
agua por los bordes y de forma serendípica descubrió que el volumen de agua
desalojado era igual al volumen de su cuerpo. Emocionado salió corriendo
desnudo gritando ¡Eureka!. Había encontrado la solución al problema del Rey,
pero también a otros muchos con el Principio que lleva su nombre. Algunas veces pequeños
accidentes han producido grandes cambios en la ciencia, como fue cuando Newton
viendo caer una manzana se preguntó ¿por qué la Luna no cae, y sí cae la
manzana del manzano de mi casa? (no se sabe si la manzana le dio en pleno coco
cuando estaba en la siesta; lo más probable es que eso forme parte de la
leyenda, entre otras cosas porque los ingleses no se echan la siesta). El caso
es que ese planteamiento del problema le llevó a formular la Ley de la
Gravitación Universal. A comienzos del siglo XX, otro
hito de la ciencia, Einstein, de forma serendípica fue capaz de relacionar unos
conceptos que antes a nadie se le habían ocurrido. Asocia la recién descubierta
velocidad de la luz, con el límite de la materia. Así surgirá la Teoría de la
Relatividad. En el ámbito de las Ciencias de
la Tierra, en la década de los años 20 del siglo XX, el conocido Alfred
Wegener, observando un mapa, se dio cuenta que las costas de África y
Sudamérica se parecían y pensó que tal vez ambos continentes habían estado
juntos hace millones de años. Todos los científicos de la época le criticaron,
pero su Deriva Continental se convirtió, 50 años después, en una revolución
científica de la geología que desembocó en una nueva concepción de nuestro
planeta, la Tectónica de Placas. En 1978 en un observatorio de
Estados Unidos estaban midiendo las características orbitales de Plutón. Chisty
había colocado una placa fotográfica con una imagen de Plutón en un instrumento
llamado explorador estelar. Advirtió una ligera protuberancia que interpretó
como un fallo, de modo que decidió descartar la fotografía. En ese instante la
máquina comenzó a funcionar mal y se vio obligado a recurrir a un técnico. Éste
le solicitó que permaneciera a su lado mientras efectuaba la reparación, pues
pensaba que podría necesitar su colaboración. Christy aprovechó ese tiempo para
estudiar nuevamente la fotografía y resolvió mirar en los archivos algunas
imágenes anteriores. Encontró una imagen rotulada: "Imagen de Plutón
alargada. Placa defectuosa". Esto estimuló su
interés y terminó encontrando seis imágenes rechazadas entre 1965 y 1970 que
mostraban al mismo bulto. Sus estudios posteriores mostraron que éste era en
realidad una luna de Plutón. Si la máquina no se hubiese estropeado y el
técnico no le hubiese solicitado permanecer con él, probablemente el
descubrimiento de Caronte no se hubiese producido en ese momento. En química muchos elementos
químicos han sido aislados o descubiertos de forma serendípica, así como los
rayos X y la radiactividad por Becquerel. El descubrimiento del ADN
también tiene un aspecto serendípico. En 1962 el biólogo James Watson, el
físico Francis Crick y el cristalógrafo de rayos X Maurice Wilkins compartieron
el Premio Nobel de Fisiología y Medicina por el descubrimiento de la estructura
de la molécula llamada "el secreto de la vida". Lo que no todo el
mundo conoce es que su descubrimiento fue debido a una situación serendípica
provocada por un químico al que Watson llama en sus escritos Jarry, y que fue
el que hizo que se dieran cuenta que los pares de la bases nitrogenadas no son
de iguales a iguales como hasta entonces se pensaba. Un sinnúmero de avances de la
ciencia se han descubierto de forma serendípica. Stephen Jay Gould, considerado
uno de los mejores divulgadores de ciencia y desaparecido en mayo de 2002, va
más lejos. Nos dice que las especies evolucionan de tal forma que en su devenir
hay lapsos de tiempo estables y otros de grandes variaciones. Esos cambios se
producen al azar tanto para las supervivencias como para las extinciones. En
definitiva nos está dando una visión de la evolución de la biosfera donde los
procesos serendípicos naturales son uno de sus principales motores. Muchos artefactos e instrumentos son serendípicos. En el mundo de la técnica y la
tecnología también son numerosos los ejemplos de serendipia. Algunos de ellos
son: El óptico holandés Lippershey, dedicado a la construcción de
cristales de aumento, recibió el encargo de fabricar dos esféricos, uno cóncavo
y otro convexo. En un día de 1606, sus hijos, que solían acompañarlo en el
taller, cogieron ambas lentes y miraron a través de ellos superponiéndolos.
Enfocaron hacia el gallo del campanario de una casa vecina y con asombro vieron
que éste aumentaba su tamaño. Lippershey al repetir la operación no pudo
reprimir un grito de alegría. Sus hijos habían hecho un hallazgo de apreciable
valor. Producto de su entusiasmo y capacidad logró crear en dos años los
primeros gemelos. En el siglo XVIII dos rivales científicos obtuvieron resultados
serendípicos de forma encadenada; se trata de Luigi Galvani y Alessandro Volta. “Había diseccionado y preparado
una rana del modo habitual y mientras atendía otro asunto la dejé extendida en
una mesa sobre la que había una máquina eléctrica pero a una considerable
distancia de la misma. Cuando una de las personas presentes tocó ligeramente
por accidente los nervios de la rana con la punta de un escalpelo, todos los
músculos de sus patas se contrajeron una y otra vez, como afectados por
intensos calambres”. Así
describía Galvani su primera observación absolutamente accidental de lo que él
llamaba "electricidad animal". En lugar de olvidar el incidente no
paró hasta reproducirlo. Los experimentos de Galvani ayudaron a establecer las
bases del estudio biológico de la neurofisiología y la neurología. El cambio de
paradigma en este campo fue radical: los nervios no eran canales con fluidos
como la mente de Descartes había concebido tiempo atrás, sino conductores
eléctricos. La información dentro del sistema nervioso se transportaba mediante
la electricidad generada directamente por el tejido orgánico. Probablemente
Volta no se imaginaba que su rivalidad con Galvani le llevaría a inventar algo
tan útil como la pila eléctrica. En 1880 Volta estaba en desacuerdo con
Galvani, y así llegó a la conclusión que la génesis de la electricidad se debía
a la conexión de dos metales dispares a través de una disolución electrolítica,
inventando la pila. Hacia
el año 1835, Daguerre estaba tratando de fijar una imagen mediante productos
químicos. Desalentado porque los productos que probaba no servían, un día
guardó todo en el armario. Días después volvió a sacar las placas...y la imagen
apareció clara y nítida: el mercurio de un termómetro derramado accidentalmente
sobre ellas había obrado el milagro. Su descubrimiento accidental de las
propiedades de dicho elemento lo condujo a la invención del daguerrotipo, que
fue el primer tipo de fotografía. El joven Charles Goodyear estaba decidido a fabricar caucho
sintético resistente a los cambios de temperatura, esperando que tuviese
multitud de aplicaciones. Este empeño devoró su salud y sus escasos recursos
económicos, al extremo de ir a la cárcel en varias oportunidades. Llegó a
depender de sus familiares para comer y vestir, pero no abandonó su propósito.
Después de muchos intentos sin el resultado esperado, ocurrió un hecho
fortuito. Se encontraba combinando azufre y caucho, cuando accidentalmente una
porción de la mezcla cayó en una cocina caliente. Para su sorpresa el caucho no
se fundió, sino que se carbonizó lentamente. Goodyear inmediatamente comprendió
el significado de este accidente. Mediante pruebas adicionales determinó la
temperatura óptima y el tiempo preciso para estabilizar el caucho. En 1844
obtuvo la patente por un proceso que denominó vulcanización en homenaje a Vulcano, el herrero de los dioses. Hoy
día todo el caucho que se utiliza está vulcanizado. Muchos fármacos han sido encontrados por medio de
la serendipia. Un fármaco utilizado con un propósito se ha encontrado a menudo
efectivo para otro completamente distinto y, a veces, más importante. La
aspirina fue preparada por primera vez para usarla como un antiséptico interno.
No resultó efectiva, pero en cambio se encontró que era un valioso analgésico y
un fármaco antipirético (que baja la fiebre) y actualmente es recomendada para
prevenir los ataques al corazón. Desde su entrada en el mercado farmacéutico,
en la década de 1890 (la casa Bayer celebró su centenario en todo el mundo), la
gente ha usado la aspirina más que cualquier otro medicamento. Otro
ejemplo es la utilización del explosivo nitroglicerina en la medicina. Un
médico en el siglo XIX que atendía a los trabajadores de una fábrica de
nitroglicerina, cuyo propietario era Alfred Nobel , se dio cuenta que ninguno
de ellos padecía hipertensión. Así descubrió de forma accidental que ese
producto sirve para reducir la tensión arterial, hoy día se sigue utilizando en
forma de parches adhesivos. Un ejemplo clásico es el descubrimiento de la penicilina realizado
por Alexander Fleming en 1928. La historia cuenta que Fleming advirtió que un
disco de cultivo de bacterias había sido invadido por un moho proveniente de
unas esporas que entraron por la ventana del laboratorio. En torno al moho
había un círculo de bacterias reventadas que le permitieron reconocer un hongo
llamado Penicillium notatum, de donde
obtuvo finalmente un concentrado activo que llamó penicilina. En este caso el
buen tiempo del verano de 1928 y una ventana abierta jugaron un papel
protagonista, pero sería torpe no reparar en que Fleming era bacteriólogo y
llevaba más de diez años investigando estas materias. La biografía de Fleming
recuerda otro hecho ocurrido seis años antes, que habla de su particular
sensibilidad como investigador. En esa oportunidad una lágrima suya cayó
accidentalmente en un cultivo permitiéndole hacer el descubrimiento de una
enzima llamada lisozima. No
sólo grandes descubrimientos científicos sino también pequeñas (aunque muy
rentables) contribuciones tecnológicas tienen raíces serendípicas. George de Mestral observó su chaqueta cubierta de esos pequeños
cadillos llamados "arrancamoños" después de un paseo por el campo.
Cuando comenzó a quitarlos se preguntó por qué se adherían tan tenazmente. Su
curiosidad le llevó hasta el microscopio para conocerlos más a fondo. Descubrió
que estos incómodos parásitos poseen numerosos ganchos dotados de una forma
particular, que los hace adherirse muy eficientemente en otras superficies
igualmente irregulares. Pensó que sobre la base del mismo principio podría
concebirse un sistema de cierre que fuese práctico y firme. Todo esto ocurrió
en Suiza a comienzos de los años 50. Lo que sigue es historia conocida, hoy el
cierre velcro está en todo tipo de ropa, zapatillas, equipos médicos,
bolsos, etc. El nombre elegido deriva de velvet (terciopelo) y crochet
(enganche). El
adhesivo empleado en las notas autoadhesivas de tipo "Post-It" no era
lo que sus descubridores, Fry y Silver,
estaban buscando. Les salió mal y como pegamento era un desastre. Sin embargo
una sagaz reevaluación posterior lo sacó del cajón de los fracasos
inconfesables para (después de un cierto proceso de optimización) encumbrarlo
en los altares de las más rentables innovaciones. En 1974 salió al mercado. Un caso reciente de serendipia: la síntesis inicial del
trans-poliacetileno en el laboratorio del Dr. Shirakawa partió de un error
accidental. En su preparación se empleó una concentración de catalizador mil
veces superior a la planeada. Sin embargo, esa circunstancia no resta mérito a
los tres investigadores que supieron detectar las propiedades conductoras de
dicho material una vez dopado. Representó el punto de partida de la revolución
de los polímeros conductores. Fueron Premio Nobel de Química de 2000. ¿Conoces
más ejemplos de descubrimientos serendípicos?. Seguro que sí. Te recuerdo
algunos otros como la vacuna, la insulina, la píldora anti-conceptiva, el
cristal de seguridad, el teflón, el LSD, el nylón, el jabón de Ivory, algunos
descubrimientos arqueológicos… etc Serendipia y creatividad. Estos ejemplos tienen un
aspecto anecdótico pero no hay que tener una visión simplista y pensar que
todos los méritos se deben a la casualidad. La preparación, dedicación y
esfuerzo son necesarios en todo trabajo científico. En los casos serendípicos
hay que añadir la creatividad. Hoy en día con los grandes y costosos proyectos
globalizados parece que los investigadores están perdiendo parte de esa
creatividad en favor del utilitarismo. El azar no es nada sin alguien
que le de significado a través del conocimiento y el conocimiento es infértil
cuando no existe suficiente capacidad creativa. En 1998, la investigación de Csikszentmihalyi basada en 91
individuos destacados por su creatividad en diferentes campos, nos indica:
"Hemos visto que, entre los rasgos que definen a una persona creativa, son
fundamentales dos tendencias opuestas de alguna manera: una gran curiosidad y
apertura por un lado, y una perseverancia casi obsesiva por otro". Por
cierto, nuestro descubrimiento de la serendipia
fue, como no podía ser de otra forma, “serendípico”. Bibliografía:
Anguita Virela, Francisco (2002). Biografía de la Tierra. Historia de un planeta singular Ed. Aguilar
2002 Madrid. Calvo Hernando, Manuel (1994) La Ciencia en el Tercer Milenio Ed. McGraw-Hill Madrid 1994. Cardwel, Donald (1996) Historia
de la tecnología Alianza Editorial Madrid 1996 Costa, Joan (1993). Tecnociencia
y humanismo. Discurso de Joan Costa pronunciado en el acto de recepción del
Premio Fundesco de Ensayo 1993 por su obra Diseño,
Comunicación y Cultura. Duque Macías, Jesús; Mateos Vázquez, Mª Ángeles
(2002). Serendipia, un aspecto a recordar
para la revalorización de la Ciencia libre frente a la Gran Ciencia. Actas
del Congreso Internacional "La Ciencia ante el Público" Cultura
Humanista y desarrollo Científico-Tecnológico.. Salamanca 28-31 de octubre de
2002. Universidad de Salamanca. Gómez Romero, Pedro (2000). ¿Se acabó la ciencia en el garaje? En El País, 6 de septiembre de 2000. Gould, Stephen Jay (1991) La vida maravillosa. Ed. Crítica Barcelona. Mosterín, Jesús (2001) Ciencia
viva Ed. Espasa Fórum Madrid 2001. Pérez Tamayo, Ruy (1991). Ciencia,
paciencia y conciencia. México. Roberts, Royston M.(1989). Serendipia, descubrimientos accidentales en la ciencia. Alianza
Editorial Madrid 1992. Sánchez Ron, José Manuel (2000) El siglo de la Ciencia Ed. Taurus Madrid 2000. Formato electrónico: http://personales.ciudad.com.ar/rodrigoluna/zoomcreativodos.htm
(sobre creatividad) http://www.elcultural.es/html/20020501/Ciencia/CIENCIA1168.asp (Eureka por azar, conferencia de Pedro Gómez
Romero en el Museo CosmoCaixa de Madrid el 7 de mayo de 2002) El
Correo Unesco, mayo 1999. Nº 5 (1999).( La ciencia: ¿por qué y para
quién? Federico Mayor Zaragoza Director General de la Unesco) http://members.tripod.com/robertexto/archivo4/metodolog_invest_cientif.htm (Filosofía de la Ciencia) (Ciencia y Humanidades. Jesús
Mosterín. El País)
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