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PILAR GALÁN
Hemos escogido un fragmento de
su cuento “Manual de ortografía” publicado en de la luna libros junto a otros cinco relatos, reunidos bajo el
mismo título, Manual de ortografía. Con
este libro la autora contribuye a la campaña para el fomento de la lectura: 1
LIBRO * 1 EURO que actualmente lleva a cabo la editorial emeritense Si tuviéramos tiempo,
tiempo de verdad, no tres o cuatro horas para lengua y literatura en
Bachillerato, a mí no me importaría que se incluyeran no solo los autores
extremeños sino también, por qué no, los rusos, los checos, los franceses...Y
estudiar a la vez los movimientos en distintos países, y que no dejáramos que
nuestros alumnos fueran por el mundo sin saber quién era Shakespeare o Plauto o
Poe, por ejemplo. Si tuviéramos tiempo, leeríamos en clase, no solo a los
extremeños, sino también a los vascos, los gallegos y los catalanes, que pare
eso, aunque ya no figuren en el currículo, ni siquiera en el apartado de
lengua, comparten país con nosotros. Pero no tenemos tiempo. A
mí me parece que los autores extremeños han alcanzado una gran calidad
literaria, y que contamos con Carolina Coronado, Espronceda, L. Chamizo, etc,
etc, que deberían estudiarse, no solo por ser extremeños, sino por su
aportación al movimiento al que pertenecen. Y que no está nada mal que los
alumnos conozcan qué se hace ahora en su región, y que lean textos de gente
nueva y que conozcan a través de ellos su realidad. De ahí a dedicar un tema
entero a la aportación de la narrativa extremeña del XX, eliminando la poesía
hispanoamericana, dejando atrás las literaturas peninsulares en otras lenguas,
olvidando el ensayo y comprimiendo temas en uno, va un abismo. Qué queréis que
os diga. Si mis alumnos tienen que estudiar un autor de cuentos, no van a
estudiar a Pilar Galán. Para eso, prefiero a Borges o a Cortázar. Por poner
sólo dos de la inmensa lista que me separa de muchos autores dignos de estudio,
por muy extremeña que yo sea. En muchas ocasiones, los profesores lamentan la falta de interés de los alumnos por la literatura. ¿Cuál sería su propuesta para fomentar el hábito de lectura? No tengo recetas mágicas.
Ojalá las tuviera. Sé que leen cuando están en primero de la E.S.0. y luego, no
sé por qué, van perdiendo poco a poco el interés. Tal vez no se pueda hacer
nada y sea algo cíclico. Volverán a recuperar el interés por la lectura más
tarde, cuando tengan menos estímulos. No lo sé. Mientras
tanto, como profesora, lectora, escritora y responsable de la biblioteca de mi
centro, sólo puedo aconsejar que lean, lo que sea, ya pasarán de Mortadelo a
otros títulos, que dejen los libros a medias, que pasemos de las odiosas fichas
de lectura y comentemos en voz alta en clase qué leemos y por qué nos gusta o
no, que elijan algún libro ellos, que les ayudemos con los clásicos, que
hagamos que pierdan el miedo al Lazarillo leyéndolo con ellos, que nos vean
disfrutar, y mil cosas así. Creo sinceramente que sin ser buen lector no se
puede enseñar a leer. ¿Qué libros recomendaría para nuestros estudiantes? Depende. Los clásicos,
por qué no. Con ayuda, pueden leerse y hasta descubres que les gustan. Manolito Gafotas, La Odisea, El Barco de vapor, los de Lorenzo Silva, el capitán
Alatriste, El bosque animado,
Bécquer, Machado, Neruda, A.M. Matute, E. Mendoza, Plauto, Romeo y Julieta...Todos los libros. Todos los autores. Todas las
épocas. Sólo depende de si el alumno puede comprenderlo (se le ayuda) y si el
profesor está dispuesto a intentarlo. ¿Cuándo empezó a escribir? ¿Qué motivos le llevaron a hacerlo? En una columna de El País, habla Millás del submarino
nuclear que se hundió y de la tripulación muerta y del hombre que escribe unas
líneas justo antes de morir, sabiendo que no hay salvación, que va a congelarse
de frío, que probablemente no va a leer nadie esas líneas escritas. En su
cadáver se encontró ese papel, muy breve, que termina con esta frase: Escribo a
ciegas. Dice Millas que ese hombre esta poseído de verdad por la esencia de la literatura. Escribe para contar, para que nada se pierda, a ciegas, a punto de morir, en medio de la oscuridad y el frío.Es buen motivo ése. Yo también escribo para contar. Desde siempre. Me cuento cosas mientras paseo, mientras me ducho, mientras hago cualquier cosa. Me las cuento a mí. Entro en un sitio y automáticamente invento otras vidas para la gente, o continuo secuencias. No recuerdo haberme dedicado a otra cosa. Luego, a veces, una de esas historias acaba por obsesionarte y sientes la necesidad de ponerla en pie. Entonces, por arte de magia, se convierte en un cuento. ¿Cuáles han sido sus últimas lecturas? He cogido la costumbre de tener varios
libros. Ahora he terminado La sombra del
viento, De Ruiz Zafón, y tengo a medias Desgracia
de Coetzee, una antología de narrativa americana y de nuevo la recopilación de
Cortázar. Y, por motivos profesionales, No
es un crimen enamorarse, Prohibido
tener catorce años y El regreso de la
abuelita. También un éxito de ventas que, por cierto, me ha enganchado. El Código da Vinci. Buen argumento.
Horrible final.
MANUAL DE ORTOGRAFÍA “Cuando salgo de tu casa, la realidad empieza a conformarse. De nuevo, me digo, de nuevo habrá que empezar a edificar los días, desde abajo, desde justo ese punto del estómago donde nacen las náuseas. La luz de la mañana se derrama como polen de oro, tengo frío, me da miedo la vuelta a casa, los reproches, sentir su boca, saber que la mía sabe a tus palabras, querer gritar, llorar, vaciarme por dentro. Saber también que no puedo, saber que tienes razón, aunque me duela, que te blindas contra mí porque has puesto fecha de caducidad desde el principio, como si mi presencia en tu casa fuera un regalo inesperado, una ofrenda que alguien ha querido hacerte. Al compás de los días enhebro mi discurso, reparto
con cuidado conjunciones, añado núcleos mentirosos, digo: tenemos que dejarlo, me haces daño, pero mi mano se empeña en
escribir, acude, corre, dame besos, deja que mi cuerpo nazca para tus dedos,
dibuja otra vez interrogaciones, no
preguntes. Salpico mi texto de cursivas, subrayo lo importante, distribuyo mayúsculas y negritas, razono, expongo mi tesis, intento ser sensata, construyo un texto argumentativo, te narro, dialogo, trato de describirte, me convierto en narrador omnisciente, me vuelvo personaje, escribo prólogos y epílogos, me muero por borrarte de mi índice. Con mi texto corregido, te llamo el día anterior como una niña, temblando de los pies a la cabeza, presintiendo como siempre que vuelvo a equivocarme. La pasión empieza en el segundo exacto en que empiezo a marcar tu número. No estás. La tarde se convierte en una sucesión de horas que deben llenarse hasta la noche, hasta que vuelvas y oigas mi mensaje, y yo sepa que sonríes ante mi voz temblona. O lo que es aún peor, esperar que contestes, sentir el alma en vilo, dormirse sin saber aún qué va a pasar mañana.” Manual
de ortografía Mérida, De la luna libros, 2003
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