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PILAR GALÁN

Pilar GalánNace en Navalmoral de la Mata en 1967. Licenciada en Filología Clásica por la Universidad de Extremadura, en la actualidad trabaja como profesora de Lengua Castellana y Literatura en un instituto de nuestra comunidad. Numerosos premios avalan su carrera literaria.  Ha disfrutado de una beca de la Junta de Extremadura para escribir una novela, Dime que me quieres. Hasta el  momento ha publicado cuentos como Recuerdo de Navidad (1982) Dédalo (1984), Trilogía del desamor (1989), Ex intacta virgine (1991), Vir bonus, dicendi peritus, Aire que me lleva el aire (1995), Tengo de usted una única foto (1997), Hambre de noche (1998), Memorias de África ( 1999), Ojos verdes (2000),  Sabor de amor (2000), las novelas  Pretérito imperfecto (2001), Manual de ortografía (2003) y Ocrán-sanabu (2002), y los volúmenes de cuentos El tiempo circular (2001), y Diez razones para estar en contra de la Perestroika (2004).

                Hemos escogido un fragmento de su cuento “Manual de ortografía” publicado en de la luna libros junto a otros cinco relatos, reunidos bajo el mismo título, Manual de ortografía. Con este libro la autora contribuye a la campaña para el fomento de la lectura: 1 LIBRO * 1 EURO que actualmente lleva a cabo la editorial emeritense

El nuevo currículo extremeño determina la inclusión de autores de nuestra Comunidad en la asignatura de Literatura.  ¿Cuál es su opinión acerca de estos cambios?

Si tuviéramos tiempo, tiempo de verdad, no tres o cuatro horas para lengua y literatura en Bachillerato, a mí no me importaría que se incluyeran no solo los autores extremeños sino también, por qué no, los rusos, los checos, los franceses...Y estudiar a la vez los movimientos en distintos países, y que no dejáramos que nuestros alumnos fueran por el mundo sin saber quién era Shakespeare o Plauto o Poe, por ejemplo. Si tuviéramos tiempo, leeríamos en clase, no solo a los extremeños, sino también a los vascos, los gallegos y los catalanes, que pare eso, aunque ya no figuren en el currículo, ni siquiera en el apartado de lengua, comparten país con nosotros. Pero no tenemos tiempo.

A mí me parece que los autores extremeños han alcanzado una gran calidad literaria, y que contamos con Carolina Coronado, Espronceda, L. Chamizo, etc, etc, que deberían estudiarse, no solo por ser extremeños, sino por su aportación al movimiento al que pertenecen. Y que no está nada mal que los alumnos conozcan qué se hace ahora en su región, y que lean textos de gente nueva y que conozcan a través de ellos su realidad. De ahí a dedicar un tema entero a la aportación de la narrativa extremeña del XX, eliminando la poesía hispanoamericana, dejando atrás las literaturas peninsulares en otras lenguas, olvidando el ensayo y comprimiendo temas en uno, va un abismo. Qué queréis que os diga. Si mis alumnos tienen que estudiar un autor de cuentos, no van a estudiar a Pilar Galán. Para eso, prefiero a Borges o a Cortázar. Por poner sólo dos de la inmensa lista que me separa de muchos autores dignos de estudio, por muy extremeña que yo sea.

En muchas ocasiones, los profesores lamentan la falta de interés de los alumnos por la literatura. ¿Cuál sería su propuesta para fomentar el hábito de lectura?

No tengo recetas mágicas. Ojalá las tuviera. Sé que leen cuando están en primero de la E.S.0. y luego, no sé por qué, van perdiendo poco a poco el interés. Tal vez no se pueda hacer nada y sea algo cíclico. Volverán a recuperar el interés por la lectura más tarde, cuando tengan menos estímulos. No lo sé.

Mientras tanto, como profesora, lectora, escritora y responsable de la biblioteca de mi centro, sólo puedo aconsejar que lean, lo que sea, ya pasarán de Mortadelo a otros títulos, que dejen los libros a medias, que pasemos de las odiosas fichas de lectura y comentemos en voz alta en clase qué leemos y por qué nos gusta o no, que elijan algún libro ellos, que les ayudemos con los clásicos, que hagamos que pierdan el miedo al Lazarillo leyéndolo con ellos, que nos vean disfrutar, y mil cosas así. Creo sinceramente que sin ser buen lector no se puede enseñar a leer.

¿Qué libros recomendaría para nuestros estudiantes?

Depende. Los clásicos, por qué no. Con ayuda, pueden leerse y hasta descubres que les gustan. Manolito Gafotas, La Odisea, El Barco de vapor, los de Lorenzo Silva, el capitán Alatriste, El bosque animado, Bécquer, Machado, Neruda, A.M. Matute, E. Mendoza, Plauto, Romeo y Julieta...Todos los libros. Todos los autores. Todas las épocas. Sólo depende de si el alumno puede comprenderlo (se le ayuda) y si el profesor está dispuesto a intentarlo.

¿Cuándo empezó a escribir? ¿Qué motivos le llevaron a hacerlo?

En una columna de El País, habla Millás del submarino nuclear que se hundió y de la tripulación muerta y del hombre que escribe unas líneas justo antes de morir, sabiendo que no hay salvación, que va a congelarse de frío, que probablemente no va a leer nadie esas líneas escritas. En su cadáver se encontró ese papel, muy breve, que termina con esta frase: Escribo a ciegas.

Dice Millas que ese hombre esta poseído de verdad por la esencia de la literatura. Escribe para contar, para que nada se pierda, a ciegas, a punto de morir, en medio de la oscuridad y el frío.Es buen motivo ése. Yo también escribo para contar. Desde siempre. Me cuento cosas mientras paseo, mientras me ducho, mientras hago cualquier cosa. Me las cuento a mí. Entro en un sitio y automáticamente invento otras vidas para la gente, o continuo secuencias. No recuerdo haberme dedicado a otra cosa. Luego, a veces, una de esas historias acaba por obsesionarte y sientes la necesidad de ponerla en pie. Entonces, por arte de magia, se convierte en un cuento.

¿Cuáles han sido sus últimas lecturas?

He cogido la costumbre de tener varios libros. Ahora he terminado La sombra del viento, De Ruiz Zafón, y tengo a medias Desgracia de Coetzee, una antología de narrativa americana y de nuevo la recopilación de Cortázar. Y, por motivos profesionales, No es un crimen enamorarse, Prohibido tener catorce años y El regreso de la abuelita. También un éxito de ventas que, por cierto, me ha enganchado. El Código da Vinci. Buen argumento. Horrible final.

 

MANUAL DE ORTOGRAFÍA

“Cuando salgo de tu casa, la realidad empieza a conformarse. De nuevo, me digo, de nuevo habrá que empezar a edificar los días, desde abajo, desde justo ese punto del estómago donde nacen las náuseas. La luz de la mañana se derrama como polen de oro, tengo frío, me da miedo la vuelta a casa, los reproches, sentir su boca, saber que la mía sabe a tus palabras, querer gritar, llorar, vaciarme por dentro. Saber también que no puedo, saber que tienes razón, aunque me duela, que te blindas contra mí porque has puesto fecha de caducidad desde el principio, como si mi presencia en tu casa fuera un regalo inesperado, una ofrenda que alguien ha querido hacerte.

Al compás de los días enhebro mi discurso, reparto con cuidado conjunciones, añado núcleos mentirosos, digo: tenemos que dejarlo, me haces daño, pero mi mano se empeña en escribir, acude, corre, dame besos, deja que mi cuerpo nazca para tus dedos, dibuja  otra vez interrogaciones, no preguntes.

Salpico mi texto de cursivas, subrayo lo importante, distribuyo mayúsculas y negritas, razono, expongo mi tesis, intento ser sensata, construyo un texto argumentativo, te narro, dialogo, trato de describirte, me convierto en narrador omnisciente, me vuelvo personaje, escribo prólogos y epílogos, me muero por borrarte de mi índice.

Con mi texto corregido, te llamo el día anterior como una niña, temblando de los pies a la cabeza, presintiendo como siempre que vuelvo a equivocarme. La pasión empieza en el segundo exacto en que empiezo a marcar tu número. No estás. La tarde se convierte en una sucesión de horas que deben llenarse hasta la noche, hasta que vuelvas y oigas mi mensaje, y yo sepa que sonríes ante mi voz temblona. O lo que es aún peor, esperar que contestes, sentir el alma en vilo, dormirse sin saber aún qué va a pasar mañana.”

                                   Manual de ortografía 

Mérida, De la luna libros, 2003

 


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