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JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS Incluimos
aquí el poema inédito: “Zoología”. El nuevo currículo extremeño determina la inclusión de autores de nuestra Comunidad en la asignatura de Literatura. ¿Cuál es su opinión acerca de estos cambios? Como
me temo que para que un autor extremeño haya subido al tren de la historia de
la literatura habrá tenido que bajar otro que no lo es, no me parece bien ese
cambio. Sobre todo si pienso que uno de nuestros contemporáneos estará ocupando
ahora el asiento de Cernuda. No es más que una forma de nacionalismo estético
que ya les toca sufrir a los estudiantes que tienen que lidiar con escritores
españoles de tercera en lugar de hacerlo con latinoamericanos de primera,
aunque la lengua sea la misma. Por un lado, no creo que el lugar de nacimiento
sea un mérito literario. Por otro, a los autores de hoy podrían encontrarlos
los estudiantes en el periódico, en la librería de la esquina y, si me apuran,
en el bar de la esquina. Es más difícil que se topen por su cuenta con
compañías como Virgilio, Montaigne, Emily Dickinson o Arguedas. Una cita, si me
permiten, para darle autoridad a este desahogo: decía Borges que la universidad
(valga decir, la educación) debía ocuparse de lo antiguo y lo lejano, que de lo
actual y cercano ya se ocupan los periódicos. Mucho me temo que al autonomismo
cultural tiende a confundir enseñanza y periodismo. No quiero ni pensar que se
esté usando la literatura para forjar una identidad extremeña de cuya
inexistencia no podíamos hasta ahora menos que estar “orgullosos”. Más
orgullosos, por ejemplo, que de su existencia. ¿Estamos a tiempo de poner
remedio a ese despropósito? Tal vez los escritores extremeños deberían ser los
primeros en protestar. Lo que no acabo de comprender es que la reforma venga de
la mano de un gobierno llamado de izquierdas. ¿Adónde fueron los afanes
ilustrados de universalismo, razón, salud e higiene? Disculpen el mitin. En muchas ocasiones, los profesores lamentan la falta de interés de los alumnos por la literatura. ¿Cuál sería su propuesta para fomentar el hábito de lectura? Muy cucos, amigos. Sería más fácil decir cuál es la fórmula de la cocacola. Ante esa pregunta los sabios suelen responder: ¿cuál sería su propuesta para fomentar que los alumnos se enamoren? Modestamente, hacerles ver que los libros tienen que ver con la vida y, sobre todo, con su vida. No tratar la literatura como un cadáver prestigioso. Y una propuesta concreta: promover fuera de la asignatura algo similar a lo que en Francia llaman el Goncourt de los bachilleres. Un concurso cuyo jurado soberano son los estudiantes. Y hacer que se comporten como tal: con libertad para opinar después de leer, analizar y criticar sin pudor una serie de libros. No sé por qué creo que sería una forma de que se sintieran implicados. ¿Qué libros recomendaría para nuestros estudiantes? El primer hombre,
de Albert Camus. Viaje al fin de la noche,
de Céline. El sepulcro sin sosiego,
de C. Connolly, Sin destino, de Imre
Kertész. Pedro Páramo, de Rulfo. Una vez en Europa, de John Berger. El acontecimiento, de Annie Ernaux. Piezas en fuga, de Anne Michaels. Poemas
(especialmente amorosos) de Garcilaso, Gil de Biedma, Ángel González, Pavese,
Wislawa Szymborska, Raymond Carver… ¿Cuándo empezó a escribir? ¿Qué motivos le llevaron a hacerlo? Lo primero que escribí fue artículos para fanzines. Que terminara trabajando en un periódico no era, ahora lo veo, más que cuestión de tiempo. Escribir poemas era un pretexto para demorar a la hora de ponerme a estudiar para los exámenes de literatura. Luego ha sido una especie de doble contabilidad: el que escribe es más plomo, gris y tristón que yo, que tengo más sentido del humor. Peor para él. La verdad es que cada vez encuentro menos “motivos”, o los encuentro con menos frecuencia. Mejor para todos. ¿Cuáles han sido sus últimas lecturas? Los
relacionados con el trabajo “de periodista” (Ray Loriga, el Kant de Thomas de
Quincey). Por deporte: Siete moderno,
de Andrés Trapiello (porque sale un retrato de mi hermano); Arte y multitudo, de Toni Negri (algo
pedantillo pero agudo a ráfagas); los ensayos de Tomás Segovia (un sabio). Y
periódicos. Lo que más he leído en mi vida son periódicos.
ZOOLOGÍA
La
palabras son animales
salvajes. Nacen
y crecen y
se reproducen, mueren de
agotamiento. Siempre lo
tiñen todo con
sus colores pardos, con
su mascar nervioso (no
fieras libres, ratas de
matadero). Tienen tórax
y abdomen, dice la
gramática. De
sangre fría, son blandas
por fuera y duras
por dentro. Aunque siempre
al acecho, atacan tan
sólo si se las ataca. Y
al olor de la sangre. Las
palabras heridas son
las más peligrosas. Las
palabras heridas son
capaces de hacer todavía mucho daño.
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