![]() |
|
|
|
|
|
|
LaBocinadelApóstol>Estudios>Mérida
|
|
|
MÉRIDA, DE LA ANTIGÜEDAD TARDÍA AL MUNDO ISLÁMICO HASTA LA CAÍDA DEL CALIFATO DE AL-ANDALUS (SIGLOS VII-XI / I-V) Bruno Franco Moreno Doctorando en el Departamento de Historia Medieval, Moderna y C.C. y T.T. Historiográficas de la U.N.E.D.
Las historias escritas que nos han llegado del
último periodo de dominio visigodo y de los primeros tiempos del Islam en la
ciudad de Mérida, fundamentalmente las actas del Concilio provincial celebrado
en la iglesia metropolitana el año 666, y la Crónica Mozárabe de 754, vienen a
mostrarnos una ciudad donde el estamento eclesiástico dirige en buena medida
los destinos temporales de la misma. El gobierno civil debía de estar en manos
de un Comes civitatis, pero del que
no nos han llegado noticias. Respecto a la antigua pugna mantenida con la
capital del reino, Toledo, las fuentes tampoco aportan mucha más luz. Por
tanto, la vida en la ciudad debía transcurrir con cierta atonía, en un reino
que se acercaba peligrosamente a su descomposición. Son bien elocuentes las noticias que hacen referencia a la fuga de esclavos de las grandes propiedades, de siervos adscritos a la iglesia que huyen hacia el medio rural, y del retraimiento del comercio y la industria en la ciudad en los albores del siglo VIII. En el plano urbanístico, los edificios más representativos de este periodo son sus iglesias, monasterios y la basílica dedicada a la mártir Santa Eulalia. No obstante, Mérida sigue manteniendo en perfectas condiciones sus defensas, así como el puente romano sobre el Guadiana, auténtico eje vertebrador que la comunica con los cuatro puntos cardinales, hecho que queda perfectamente constatado por las fuentes islámicas más antiguas en el momento de la llegada de las huestes arabo-bereberes comandadas por Musa en el 713/ 94.
De todos es conocido el asedio a que fue sometida
la ciudad durante seis meses, tras los cuales, y viendo que no podía ser tomada
por la fuerza, lo fue mediante pactos. En estos textos (ta`rij) se
explican en numerosas ocasiones, las magníficas murallas que poseía la urbe más
poblada del occidente peninsular, así como la colaboración prestada por los
estamentos civil y religioso para su defensa. Tras la toma de la ciudad, ésta quedaría en manos de un reducido número de tropas, preferentemente árabes. Será ‘Abd al-Aziz el que complete la ocupación del territorio dependiente de Mérida desde el 713 al 716, en la mayoría de los casos mediante tratados de capitulación.
Según queda constancia por La Crónica Latina o mozárabe del 754, las ciudades que pasaron a
manos musulmanas mediante la firma de pactos o tratados de capitulación, apenas
vieron perturbados sus quehaceres cotidianos, prueba clara de la normalidad con
la que se llevaron estas relaciones. La presencia de cristianos en la ciudad, con su
sede arzobispal a la cabeza, y en el medio rural, sería significativa durante
todo el siglo VIII, por lo que éstos se mantendrían como dimmies o gentes del libro pagando una cuota, en metálico o en
especie, a las autoridades impuestas desde Córdoba. Durante el gobierno de
‘Uqba (738/119), decimosexto wali o gobernador de al-Andalus nombrado desde
Damasco, se garantizó a las gentes de cada religión ser juzgadas de acuerdo a
sus leyes, tanto esto como los esfuerzos por regularizar los impuestos ayudan a
explicar la cierta autonomía interna de que gozaban las comunidades cristiana y
judía. Las fuentes historiográficas islámicas y cristianas no narran ningún acontecimiento que viniera a romper estos acuerdos alcanzados tras la toma de la ciudad, por los menos hasta la consolidación del emirato, ya en el siglo noveno.
Por otra parte, el registro arqueológico ha venido a demostrar que no se produjeron sucesos que afectaran al urbanismo de la ciudad durante este siglo VIII, si exceptuamos las ocasionadas en el momento de toma de la misma en los inicios de dicha centuria.
Solamente reseñar el enfrentamiento que existía entre las diferentes tribus árabes asentadas en el territorio, o entre los árabes del primer momento de la conquista contra las tropas Sirias enviadas a al-Andalus como consecuencia de la insurrección beréber del año 741, que tendría en la ciudad de Mérida un foco de continuas revueltas a mediados del siglo VIII. La ciudad se convierte en lugar de refugio de las tribus beréberes que huyen de los enfrentamientos contra las tropas árabes y de las hambrunas que se suceden entre los años 749-752 en el Noroeste peninsular.
En Mérida se desarrollarán también unos
enfrentamientos bélicos que facilitarán la entronización del príncipe de la
dinastía omeya ‘Abd al-Rahman I, el cual instaurará el emirato independiente de
al-Andalus en el 756/139. Estos sucesos consistieron en luchas contra el
anterior gobernador de al-Andalus, el cual se refugió en Mérida con sus
partidarios antes de partir hacia Sevilla, donde fue derrotado. Durante esta
primera fase del emirato andalusí no se tienen noticias con relación a Mérida y
su comarca dignas de mención hasta la proclamación de Al-Hakam I b. Hisam como
nuevo emir de al-Andalus, con el que se va ha introducir una nueva corriente
teológica, el malikismo, ortodoxia jurídica muy rígida que pervivirá en
al-Andalus hasta el final de sus días. Del mismo modo va a ver un incremento de
los impuestos, dirigidos especialmente a los sectores artesanales e
industriales y a los grandes propietarios latifundistas. Estas medidas van a
propiciar una serie de revueltas contra el poder cordobés, encabezado por
sectores de población muladí (cristianos convertidos al Islam) y elementos
bereberes, éstos últimos muy numerosos en la kura (provincia) de Mérida. Como consecuencia de las continuas sublevaciones protagonizadas por estos grupos de población asentados en Mérida y su alfoz contra el poder emiral, personificado en los gobernadores nombrados desde Córdoba, se va a edificar la alcazaba árabe de Mérida en el año 835/220 por mandato del cuarto emir de al-Andalus, ‘Abd al-Rahman II. Su función principal era la de servir de protección a sus gobernadores y súbditos, además de dominar el paso que proporcionaba el puente sobre el río Guadiana.
Vista de la Alcazaba Árabe desde la orilla izquierda del río Guadiana
Durante la segunda mitad de la novena centuria, en el año 868/254, como consecuencia del gran levantamiento muladí protagonizado por Ibn Marwan al-Yilliqi en Mérida, rebelde a los emires cordobeses Muhammad y ‘Abd Allah, se iniciará un periodo de inflexión en el devenir histórico de la ciudad, motivado por el arrasamiento de sus murallas y la pérdida de población. Estos hechos motivarían la fundación y posterior encumbramiento de la medina de Badajoz (Batalyws) por parte del poder omeya.
Y es aquí, y a grandes rasgos donde podemos diferenciar dos amplias etapas en el dominio omeya de Mérida, una ascendente y otra de clara regresión. La primera comprende desde mediados del siglo VIII, hasta la segunda mitad del IX, etapa de cambios apreciables en su urbanismo y sede temporal de herederos directos al emirato. Este período que comprendería unos 100 años, se caracteriza por un creciente desarrollo en todos los ámbitos: el urbanístico, con la construcción de pequeños palacetes repartidos por la ciudad; la creciente actividad comercial y artesanal, como indica el elevado número de recipientes cerámicos hallados en las excavaciones, y la circulación monetaria de diferentes cecas.
Como contrapartida, a
raíz de la fundación de Badajoz, la medina de Mérida ve mermada su población, y
los textos que hacen referencia a ella la designan como “min barbar Marida”,
o territorio en poder de tribus bereberes, las cuales van a mantener un
enfrentamiento casi constante contra las políticas emanadas desde Córdoba.
En el año 929/316 ‘Abd al-Rahman III asume el título de Califa de al-Andalus. Su primera medida es acabar con los desórdenes y hacer efectiva la autoridad estatal en la ciudad, hecho que consigue al rendirse el líder beréber asentado en ella desde hace más de 30 años.
Este soberano reunía en su persona todas las funciones y prerrogativas, aunque las solía delegar en una jerarquía de visires, que encabezaba el hayib, una especie de primer ministro. El geógrafo andalusí del siglo XI/V al-Bakri, señala que durante el califato, el sur de al-Andalus estaba dividido en coras o provincias, indicando que Mérida era cabeza de su cora, del que dependían administrativamente varios distritos agrícolas o aqalim, y castillos situados en altura (husun). Pero el protagonismo a nivel político y cultural en esta parte del occidente andalusí se irá decantando a favor de Badajoz, que al final del Califato se convertirá en la ciudad más importante de toda esta franja del oeste andalusí.
Copyright(c) 2004 LaBocinadelApóstol. I.E.S. Santiago Apóstol (Almendralejo) |