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¿ACABAR CON LA PUBLICIDAD?

 

(Unos terroristas muy simpáticos)

 

José Antonio Mata Díaz.

Profesor de español en Bèthune (Francia).

            Éste es el objetivo de una  de las organizaciones antipublicidad francesas más activas: Casseurs de pub (casseur = el que rompe). A primera vista, este grupo puede darnos risa pero, si nos fijamos en sus escritos y acciones, debemos reconocer que su postura no es tan descabellada.

            Los Casseurs de pub consideran que la publicidad es inútil y costosa ya que nos incita al consumo superfluo y futil contribuyendo así a la multiplicación de deshechos y al agotamiento de los recursos del planeta. Este despilfarro se concentra en los países ricos dado que el 20 % de la población mundial consume el 80 % de los recursos del planeta. La publicidad propaga ideologías nefastas: sexismo, etnocentrismo, culto a la apariencia, competición, frivolidad, estupidez, ... Apela a nuestras pulsiones animales, a nuestros sufrimientos, a nuestras frustraciones para intentar colarnos esa receta utópica que consiste en hacer creer que el consumo va a acabar con todas nuestras desgracias.

            Por su omnipresencia, la publicidad posee prácticamente el monopolio de la expresión pública, la cual queda así reducida a un simple hacer-vender. El peso de la publicidad en Francia (200 millardos de francos en el año 2000) es inmenso si la comparamos por ejemplo con el presupuesto del Ministère d'Éducation el mismo año: 380 millardos de francos. La publicidad nos sumerge literalmente. Invade el espacio público en forma de carteles, folletos, bolsas, anuncios televisivos, radiofónicos, prensa, Internet, etc. Los Casseurs de pub llegan a afirmar incluso que la publicidad es un peligro para la democracia. La propaganda vincula inexorablemente los medios de comunicación (ya que los financia) a las exigencias de las empresas-anunciantes, las cuales imponen su ley por ejemplo a las cadenas de televisión a través del audimat, procedimiento en vigor en Francia para el cálculo de audiencias.

            Frente a esta situación, los antipub actúan difundiendo su filosofía a través de Internet y de algunos medios de comunicación alternativos, especialmente activos en Francia. También organizan dos tipos de acciones bastante originales.

            Una de ellas es la manifestiva. El primer desfile de este tipo en Francia tuvo lugar en pasado 29 de noviembre en Lyon con motivo del día sin compras, jornada simbólica de huelga de consumo durante la que se organizan debates, desfiles y otras acciones simbólicas. En esta iniciativa participan innumerables asociaciones y movimientos progresistas del país, ya que el combate de los antipublicidad se enmarca en el movimiento altermundialista, el cual rechaza la globalización liberal y, por consiguiente, la publicidad.

            El otro tipo de actuación de los Casseurs de pub es lo que ellos llaman "acciones antipublicidad masivas y no violentas". Éstas son llevadas a cabo en las estaciones del metro de París u otros lugares por una serie de comandos bien organizados. La tarde anterior a la acción (sorpresa obliga), cada uno de los componentes del colectivo recibe un mensaje electrónico en el que se anuncia el momento y los lugares en que se desarrollará la acción así como el procedimiento a seguir. Se trata de darse cita en diferentes estaciones de metro y tachar con cruces de pintura negra un máximo de carteles publicitarios. También se pueden pegar otros carteles encima o escribir lo que uno quiera, eso sí, procurando siempre no deteriorar nada que no sea el papel de los carteles publicitarios en sí. De esta manera lo peor que les puede pasar es que tengan que pagar una multa de 62 euros por persona. Los antipub pretenden así reapropiarse el espacio público. Actúan en grupos autónomos, con mucha alegría y ninguna violencia, sin jefes, para evitar el riesgo de que la policía pueda acabar con el movimiento deteniendo a los cabecillas. Por eso, todos y cada uno de los miembros son portavoces del colectivo. En estas acciones, intentan al mismo tiempo conversar con viajeros y policías para explicarles que la suya es una acción cívica, política y filosófica. Para que ninguno de los antipub pueda ser detenido en solitario, lleva cada uno en el bolsillo un montón de papelitos minúsculos con su propio nombre y apellidos escritos. Si ven que van a ser detenidos, los esparcen por el suelo. De esta manera, los compañeros sabrán a quién hay que ir a buscar a la comisaría para prestarle apoyo personal o ayuda jurídica inmediata.

            Los Casseurs de pub consideran que los actos de desobediencia civil que llevan a cabo se inscriben en la Declaración Universal de Derechos Humanos así como en la Constitución Francesa, la cual contempla el derecho a oponerse a la ley, mediante la desobediencia y las manifestaciones, si el Estado adopta principios contrarios a la ética y a la moral.

            Los antipublicidad piensan que el crecimiento económico y la sociedad de consumo son dogmas suicidarios para la humanidad. Según ellos, hay que combatir la publicidad porque es ella la que difunde esta ideología al intentar imponernos un falso modelo de felicidad a través del consumo. La propaganda reduce al ser humano a una única función : la de consumidor. Por eso, hay que acabar con ella.


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