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BASILIO SÁNCHEZ Representativo
de su trabajo último, como nos indica el autor, es el poema “Con un libro en
las manos”, que aparece en el recientemente publicado Para guardar el sueño. El nuevo currículo extremeño determina la inclusión de autores de nuestra Comunidad en la asignatura de Literatura. ¿Cuál es su opinión acerca de estos cambios? La asignatura de Literatura debe incluir el estudio de todos los autores cuya obra -convenientemente sedimentada- haya alcanzado la calidad suficiente que los hagan merecedores del interés general. Los libros de textos deberían informar, por tanto, de aquellos escritores –extremeños o no- que, con independencia de los vaivenes de la moda y las presiones de grupos, tengan una obra consolidada y exigente. Máxime cuando no hay una literatura propiamente extremeña y sí extremeños que escriben literatura. Un capítulo aparte es el estudio,
como una parte muy específica de la materia, de los autores extremeños que tengan una obra de calidad
contrastada, hayan alcanzado o no la excelencia que los sitúe por encima del
interés regional. No me parece mal,
porque la obra de estos escritores, y ellos mismos, son más accesibles a los
estudiantes por simple razón de cercanía (y ya se sabe lo importante que es
para el estímulo de la lectura el contacto directo con los autores, como están
demostrando las Aulas Literarias), porque los textos de estos escritores, aun
no haciendo una literatura estrictamente extremeña, pueden recoger de forma
sutil aspectos constitutivos de la personalidad y el paisaje de nuestra región
y, finalmente, porque puede ayudar a eliminar cierto injusto complejo de inferioridad
que secularmente ha tenido la cultura extremeña en relación con lo foráneo,
tuviera éste calidad o no. En muchas ocasiones, los profesores lamentan la falta de interés de los alumnos por la literatura. ¿Cuál sería su propuesta para fomentar el hábito de lectura?
La falta de interés creo que se deriva del acercamiento a los
estudiantes de un tipo de literatura que no les es propia. Se debe tener
conocimiento de los clásicos, pero su lectura necesita una edad. Los alumnos
necesitan narraciones que les hablen de su entorno, que les ayuden a
desentrañar su mundo. Y esa literatura la escriben escritores actuales con
magníficas narraciones juveniles en los que están presentes, con un lenguaje
exigente pero accesible, los paisajes en los que se mueven sus anhelos más
hondos. Esto no excluye la lectura de un soneto de Góngora o de alguna de las Novelas ejemplares de Cervantes, pero la
literatura, como fervor y deslumbramiento en soledad, sólo les puede llegar
desde lugares más próximos. ¿Qué libros recomendaría para nuestros estudiantes?
Cualquiera de los libros de las colecciones juveniles que están en el
mercado. Jordi Serra i Fabra, relatos juveniles de Carlos Ruiz Zafón, etc. ¿Cuándo empezó a escribir? ¿Qué motivos le llevaron a hacerlo? Empecé a escribir relativamente tarde: a
los 23 años, cuando ya había terminado la carrera de medicina y me preparaba
para hacer la especialidad. Me ayudó el contacto con un joven poeta –tres o
cuatro años menos que yo - que ya había publicado un libro de poemas: me dejó
libros y me ayudó a limar los textos con exigencia, haciéndome ver la
diferencia entre un poema de desahogo sentimental y otro con vocación
artística. Fue todo un poco por azar, pero estas cosas, cuando se llevan
dentro, suelen salir tarde o temprano. ¿Cuáles han sido sus últimas lecturas?
Mis últimas lecturas. En narrativa: La
mujer muerta, de Manuel Rico; Desgracia,
de Coetzee; El eco de las bodas, de
Luis Mateo Díez; La balada del abuelo
Palancas, de Félix Grande. En poesía: Menos
rosas de Mahmud Darwish; Arden las
pérdidas de A. Gamoneda; Elegías
menores de J.J. Lozano; De la simple
existencia de Wallace Stevens.
CON UN LIBRO EN LAS MANOS Germina una palabra sobre el papel de arroz. Como el dibujo a lápiz de un arbusto en un patio de nieve; como si los silencios de tu casa golpeasen los muros de la mía. Cuando tengo delante la mesa de madera con la pequeña luz desportillada que ha vivido conmigo. Cuando no tengo nada, y muy despacio comienzo a darme cuenta de que aún queda mucho sitio en los márgenes, mucha vida aguardando en la penumbra, en todos los lugares que ahora intuyo que se han vuelto accesibles. Porque hay alguien sumido en la nostalgia de un país interior y porque elijo, entre todas las puertas, aquella que se abre a la mirada de un hombre, la que es un árbol dentro de otro árbol. Con un libro en las manos. Aquí, en esta casa en la que sólo se muere de vejez. De Para guardar el sueño Madrid, Visor, 2003
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