De verbis

 

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DE VERBIS (o Cómo me gustan los sintagmas nominales)

Juan Manuel González Vázquez,

Profesor de Lengua Castellana y Literatura.

IES Santiago Apóstol (Almendralejo).

La idea de esto me la dio una conversación; hablando con alguien de ir a un sitio, en un determinado momento contesté: Esa situación me aturulla. En ese momento me puse a pensar  ¿“me aturullo”, o simplemente “aturulla”?). Por un momento, caí en la cuenta de que esa palabra no la pronunciaba hacía años, e incluso dudaba de ella, pero me gustaba. Me puse a sobarla un rato y a darle vueltas. Les doy vueltas a las palabras cuando no tengo nada que hacer, me gusta regodearme en su forma, su contenido, su textura, y en lo que se puede sacar de ellas; vamos, lo mismo que cuando juegas con un moco.

Así que cuando llegué a casa me dispuse a consultar el María Moliner, edición abreviada. Lo compré porque con él regalaban una mochila; sí, soy un consumista, entre otros -istas de los peores (El último –ista que he oído es guerracivilista, usado por Carlos Carnicero –tertuliano de la SER- para catalogar el tono de las opiniones de los periodistas del ABC o LaRazón ante los resultados de las últimas Elecciones Generales; por las mismas fechas recibo un e-mail de un amigo que lo ha recibido de un tal Bernardo, que creo que no sabe quién es, donde se distribuye un artículo del ABC de un tal Iñaki Eskerra; y lo de guerracivilista hasta se queda pequeño. ¡Otra vez vuelven los rojos!).

 Sí, existe aturullar.

Hablando de –istas, mi profesora de Lenguaje de 8º de EGB (la primera persona a la que conocí enamorada de las palabras y de la que me acabé enamorando) fue la primera a la que oí hablar de la belleza de las palabras; le gustaban telegrafista (a la que yo añado funambulista y brigadista) y nominalización.

A Alberti, por ejemplo, no le gustaba la palabra terruño. Una amiga odiaba Rayo Vallecano. Andrés Aberasturi nunca aprenderá –según él- a pronunciar muslos... , a mi hermana le gusta decir moñigo y furullo –de todo lo que le parece mal-; y así nos vamos rodeando de las palabras que nos gustan, que hemos aprendido un jueves, que mejor pronunciamos, o con las que pasamos un buen ratito (¿Se acuerdan del moco? Pues lo mismo).

A mí, me pesan –por lo contundentes y lo espesas de su contenido- las palabras dantesco, espeluznante y deleznable. En una excursión a Sevilla, en un bar y en grupos de amigos –yo sólo era espectador- alguien no paraba de decir ¡Esto es deleznable! (efecto del buen rollito y de las cañas, supongo); pero llegó su momento, y en un momento de su conversación pudo decir ¡Eso sí que es deleznable! (Había encontrado el glorioso momento de colocarlo perfectamente, en el lugar preciso y en el momento adecuado).

Y es que hay por ahí sueltas palabras fonosimbólicas y jaronismos que usamos con un valor añadido difícil de definir, pero que nos hacen gracia y parecen decir todo lo que nos pasa por la cabeza. Un jaronismo es eso, una palabra que usamos humorísticamente, para hacer o darnos gracia; a mí se me ocurren el uso de flash (con la silbante apropiadamente prolongada), de chou (cuando alguien la arma o se ve involucrado en una situación delicada) y, más actual, fashion.

Me hace gracia la palabra mujer, y así se lo intentó hacer ver a mis alumnos, desde que estudié que tiene relación con muelle, con blanda (del latín mollis,-e); literalmente, significaría más blanda, o bastante blanda. A las alumnas no les suele hacer mucha  gracia.

¿Es o no es apurada la palabra bragas? A mí me lo parece; y no sé si es peor lo de bragitas. Un vecino mío la pronunciaba mal y no paraba de repetir biagas. Cómo y cuánto nos habremos reído todos de lo mal que pronuncian los demás. Asín que...

Baladí es también un adjetivo guay; y añadido a cuestión, ya es la reoca. Y llego a donde quería llegar. Quiero hacer de filólogo de pacotilla y defender el origen de guay; sería en el año 1980 cuando un amigo volvió de su veraneo en Cádiz y por primera vez escuché lo de guay; venía diciendo, de algo bueno, Esto es un Punto Blanco –recordemos que por esas fechas en la Tele se anunciaban unos calcetines de esa marca que eran la h...-; de ahí  se pasó a Esto es un Punto White, y de ahí a guay.

Y hablando de una cuestión baladí, quiero confesar mi debilidad por los sintagmas nominales; hay pocas cosas tan bellas como un SN bien formado, con sus denotaciones y sus connotaciones, con su núcleo y sus complementos; en las críticas de cine –una película casposa-, de teatro  y también en las de arte los hay alucinantes. Y son vomitivos los que usa la prensa rosa, llenos de vacuidad, de vanidad, de arrogancia y de adulación; una puta mierda, dicho en pocas palabras. Sin salir de lo rosa, le debemos a Boris Izaguirre el gran hallazgo del SN momento + aposición: momento horror, momento delirio, momento Isabel Pantoja. Este hombre domina le lengua como nadie.

Pensando, pensando, si esto es pensar, me acuerdo de cubata. Su origen está, por lo visto, en el juego de palabras, o de sintagmas, entre Cuba Libre (ron con Coca-Cola; no con ginebra, porque entonces se llamaría raf) y Cuba Atá(da). (¿Cogen el juego: Fidel, comunismo, anticomunismo?). De ahí, el sufijo tuvo su éxito y se oyen neologismos como bocata, camata, piñata (la dentición), drogata, fumata (no la del Vaticano, sino el porrero). Ya sé que existía ese sufijo con antelación –keniata-, pero puede ser...

El último neosufijo que conozco es el de –uqui (¿Quieres una cervezuqui?, o Esto huele a mierduqui). No tengo una teoría para él, pero como apreciativo me gusta.

Y, como neologismos de origen griego, cagódromo y meódromo son insuperables y no tienen desperdicio. ¿Tendrá que ver algo la kappa griega con la k “radical” de Vallekas o de ketedén?

Sobre la sugestión de las palabras, no puedo de dejar de sentir tierra entre los dientes cada vez que leo la Oda a Ramón Sijé: “...Quiero escarbar la tierra con los dientes,/quiero apartarla tierra parte a parte/a dentelladas secas y calientes...”.

Por último, tres expresiones que me hacen gracia; Eres más kisch que un mueble de formica (kitsch ha tenido poca suerte, a pesar de que su fonética podía ayudar; pero, difícil de pronunciar quizás, no ha desbancado a hortera), Te has comido un payaso (tiene un no sé qué... una gran invención, sin duda) y ¡Despierta tu lado tanga!

¡Despierta (¿qué está dormido?) tu lado (¿qué lado?) tanga (¿Todas las mujeres tienen un lado tanga –qué bellísimo sintagma nominal- dormido?)! No consigo entender la publicidad para las mujeres.


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