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Hasta el Aula Literaria “Carolina Coronado” se acercó el 12
de Mayo el escritor Lorenzo Silva, al que escuchamos leer algunos de sus
relatos, y con el que hablamos largo y tendido en una entrevista que
reproducimos a continuación.
Lorenzo
Silva es uno de los narradores más conocidos y prolíficos del panorama
literario actual. Nació en Madrid en 1966, se licenció en Derecho y hasta el
momento de dedicarse por completo a la literatura, simultaneó este oficio con
el de abogado. Si bien es conocido
esencialmente como escritor de novelas, ha publicado relatos, ensayos, libros
de viajes, artículos, prólogos y ha trabajado como guionista en la adaptación
cinematográfica de su obra La flaqueza
del bolchevique (Finalista del Premio Nadal 1997 y estrenada en el teatro
por la compañía K Audiovisual). Su obra El
alquimista impaciente (Premio Nadal 2000) también se estrenó en las
pantallas ese mismo año.
Junto
al ya citado galardón recibió el Premio Ojo Crítico en 1998 por El lejano país de los estanques, el
Destino Infantil por Laura y el corazón
de las cosas y el Premio Primavera de Novela 2004 por Carta Blanca.
En
su prolífica carrera destacan, además, los títulos siguientes: los libros de
viajes Del Rif al Yebala, Viaje al sueño
y la pesadilla de Marruecos (2001) y Viajes
escritos y escritos viajeros (2000), el libro de relatos El déspota adolescente (2003), las
novelas juveniles Algún día, cuando pueda
llevarte a Varsovia (1997), El
cazador del desierto (1998), La
lluvia de París (2000), Los amores
lunáticos (2002) y las novelas Noviembre
sin violetas (1995), La sustancia
interior (1996), El ángel oculto
(1999), El urinario (1999), El nombre de los nuestros (2001), La isla del fin de la suerte (2001), La niebla y la doncella (2002) y Nadie vale más que otros: cuatro asuntos de
Bevilacqua (2004). En Líneas de
Sombra: historias de criminales y policías (2005) Lorenzo Silva ofrece una
serie de reportajes sobre criminales y policías, incluyendo reflexiones del
autor sobre el género negro.
Junto
a Marta Cerezales y Miguel Ángel Moreta ha publicado La puerta de los vientos, una antología de narradores marroquíes
contemporáneos, y con el director y
guionista Felipe Vega planea rodar en Marruecos el documental Rif, la historia robada.
Su obra ha sido traducida a numerosos
idiomas, como ruso, alemán, italiano, griego o francés y, en la actualidad,
colabora como articulista en el diario EL MUNDO.
P: Nos gustaría saber cómo le viene a usted, que ha estudiado Derecho,
la afición por la literatura y cómo decidió dejar su profesión para dedicarse a
los libros.
R:
Bueno, yo tenía afición por la literatura antes de estudiar Derecho. Empecé a
estudiar Derecho con 18 años y llevaba escribiendo cuatro años por aquel
entonces, ¿por qué estudié Derecho si lo que me gustaba era la literatura?
Porque me tenía que buscar una manera de vivir que fuera más o menos
convencional, con la literatura es muy difícil ganarse la vida, así que me
busqué una profesión que me permitiera darme de comer. Con eso estuve bastantes
años, los dos primeros no trabajé como abogado, trabajé de otras cosas y luego
trabajé 10 años como abogado. ¿Por qué lo acabé dejando? En realidad sólo llevo
3 años sin ejercer. Esperé a que la literatura me diera de comer, así de
sencillo. Hasta el momento en el que me di cuenta de que con los libros que
escribía, con lo que trabajaba en prensa, con las demás cosas que hacía podía
mantenerme, seguí manteniendo mi otro trabajo porque me parecía que, aunque no
era un trabajo vocacional, me permitía escribir, tener la libertad para
escribir lo que quería. Sólo que cuando no vives de algo, también tienes mucha
libertad, yo sólo di el paso de pasar a vivir de la literatura cuando pensé que
podía seguir escribiendo con la misma libertad, aunque no tuviera otras fuentes
de ingreso, que es lo que me pasaba.
P: ¿ Qué hay de sus vivencias en los libros que
escribe?
R: De mis vivencias muy poco, yo no cuento mi vida en las novelas, creo que las novelas
están para lo contrario, para inventarte otras vidas, para meterte en la piel
de otros personajes. Pero todos los escritores abordan sus novelas desde sus
vivencias, es inevitable. Si alguna vez has tenido un accidente de coche y en
tu novela cuentas un accidente de coche, es inevitable que las sensaciones que
va a tener el protagonista las vas a sacar de tus sensaciones. Si a un
personaje lo operan de anginas, a mí me han operado de anginas, es una
experiencia lo bastante inolvidable como para que al personaje le pongas lo que
tú sentiste cuando te operaron de anginas. Pero al margen de eso, no están mis
vivencias concretas, sí está lo que yo he conocido, los sitios donde he
trabajado, los países adonde he viajado, todo eso sí se ha incorporado a las
novelas que he escrito, pero siempre de una manera indirecta.
P: ¿Qué se puede saber de un
escritor conociendo sus obras y sus personajes?
R: Se
puede saber mucho, pero es muy peligroso tomárselo al pie de la letra, un
poeta, sin embargo, sí deja ver mucho de sí mismo. Pero los novelistas, como
inventamos historias, personajes, mezclamos mucho historias reales con historias
inventadas. A mí por ejemplo alguna vez han querido encontrarme en algún
personaje y me han preguntado que por qué le tenía tanta manía a Bach, porque
uno de mis personajes en La flaqueza del bolchevique dice que Bach
es un pesado. Yo no le tengo ninguna manía a Bach, es el personaje el que le
tiene manía, yo no tengo nada que ver, es un personaje de ficción. Puedes saber
cosas del autor pero no te lo puedes tomar todo al pie de la letra.
P: Alguna vez, sus novelas han sido llevadas al
cine: El alquimista impaciente o La flaqueza
del bolchevique. ¿Ha supervisado su rodaje?
R: No,
porque, ¿para qué? Un rodaje son unas semanas y los que están en el rodaje
tienen poco tiempo y en el cine español, a veces, también pocos medios, y si
dejas los derechos de una novela, creo que lo que tienes que dejar es que los
cineastas hagan la película lo mejor posible. Porque como yo no he estudiado
cine, el director sabe mejor que yo qué
debía hacer. Lo que sí hice fue supervisar los guiones e incluso en un caso los
escribí y también di mis opiniones sobre cómo debía ir la historia, luego ya
ellos hicieron lo que les pareció oportuno, que para eso era su película.
P: ¿Y está contento con el resultado de éstas?
R: Sí,
no estoy contento cien por cien, porque las películas no reflejan todo lo que yo quise poner en las novelas,
pero en general son bastante fieles y son películas bastante decentes, tienen
buenos actores, plasman bien los personajes. Quizás hay aspectos que yo hubiese
hecho de otra manera, pero en general sí estoy contento.
P:
Hemos tenido la oportunidad de comprobar su interés por nuestra tierra en Carta blanca, por ejemplo. ¿Qué le une a
Extremadura? ¿Existe algún interés especial por ella?
R: Pues
no, nada en particular. Quizás algún antepasado, pero nada más. En el caso de Carta blanca lo que a mí me interesó fue
la historia, lo que había sido la Guerra Civil en Extremadura, porque era una
historia dura, muy terrible, pero también muy interesante desde el punto de
vista literario, porque en unos pocos días, durante la caída de Badajoz, en el
verano del 36, se podían ver reflejados todos los comportamientos de la Guerra
Civil. Se podía ver el heroísmo y las canalladas de los dos bandos. Eso era lo
que me interesaba del episodio histórico de Badajoz.
P: ¿Qué le gusta leer en su tiempo libre? ¿Algún
escritor en particular?
R: No
tengo un género preferido, leo cualquier cosa que cae en mis manos. Pero
últimamente lo que más leo es historia y ensayos, no siempre leo novela, porque
hay veces en que es en esos otros libros donde encuentro material para mis
historias. Y escritores, pues me gustan mucho los de mi generación que todavía
no son muy conocidos, por ejemplo, Carlos Castán, que hace unos cuentos de los
mejores de la literatura actual, Juan Bonilla y José María Conget.
P: ¿Lee sus novelas antes de publicarlas?
R:
Tengo calculado que leo cada página antes de publicarla unas 100 veces, después
de publicarla, jamás. Ya no sirve para nada.
P: ¿A cuál de sus novelas le tiene especial
cariño?
R:
Cariño les tienes a todas, porque todas llevan algo de ti. Pero le tengo
bastante cariño a La flaqueza del
bolchevique por razones extraliterarias, porque a partir de esa novela me
empezaron a hacer algo de caso, antes no me hacían caso y eso le da un valor
especial.
P: ¿Qué
sintió cuando le dieron el Premio Nadal por El
alquimista impaciente?
R: Pues
a esta pregunta siempre contesto igual, con una tontería, y es que me sentía
muy mal porque tenía una gastroenteritis descomunal. Es verdad, llevaba 24
horas en ayunas y yo no sé cómo no me desmayé, además dormí poquísimo. Así
aparezco en todas las fotografías pálido,
lívido... Al margen de eso, es el premio literario más antiguo de
España, en la lista de ese premio están todos los grandes escritores del siglo
XX, y cuando te lo dan con 33 años, la edad de Cristo, además, piensas que es
como una especie de premio a veinte años escribiendo, no sólo a una novela,
sino a ese tiempo, a no haberme rendido.
P: En
sus libros hace continuas referencias a la psicología y a la filosofía, ¿qué le
une a esas dos ciencias?
R: La
filosofía a mí siempre me ha gustado mucho, creo que enseña al hombre a pensar
y me parece muy triste que la vayan a quitar de los planes de estudios. Si a
los estudiantes les quitan la única asignatura para aprender a pensar,
estaremos en un país donde nadie piense. Y la psicología también me parece muy
interesante, porque creo que lo más misterioso que hay en cualquier persona es
nuestra mente, es un misterio e intentar descubrirlo me lo parece aún más.
P: Ya por último, ¿puede
adelantarnos algo de sus próximos proyectos?
R: Ahora estoy con otra novela que llevo a medias y que me gustaría terminar
para otoño. Es una novela policiaca, la cuarta de una serie que ya tengo con
los mismos personajes. Y nada, lo de siempre, un homicidio, un cadáver, una
muerta, en este caso una mujer muy conocida y hay que averiguar quién es el
asesino. Y por supuesto, el caso de que sea una persona popular la asesinada
hace que sea mucho más difícil la investigación.
Texto: Sara López
Amalia Mateos
Fotos: David Álvarez
Tamara Rodríguez.
Alumnos de 1º de Bachillerato
IES Santiago Apóstol
Almendralejo
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