Generación espontánea / Por la llanura del tiempo

Generación espontánea, de Vicente Gallego
Este día nublado invita al odio,
predispone a estar triste sin motivo,
a insistir por capricho en el dolor.
Y sin embargo el viento, y esta lluvia,
suenan hoy en mi alma de una forma
que a mí mismo me asombra, y hallo paz
en las cosas que ayer me perturbaban,
y hasta el negro del cielo me parece
un hermoso color.
Cuando no soportamos la tristeza,
a menudo nos salva una alegría
que nace de sí misma sin motivo,
y esa dicha es tan rara, y es tan pura,
como la flor que crece sobre el agua:
sin raíz ni cuidados que atenúen
nuestro limpio estupor.

Por la llanura del tiempo, de Antonio Manilla
Yo soy de donde voy.
Fronteras y banderas
son una misma aduana:
ninguna me detiene.
En el camino,
es mío el hondo mundo:
sus frágiles jardines
sombreados
y las oscuras fuentes
de las que mana, puro,
el enemigo tiempo.
Por su extensa llanura,
día a día,
me dirijo hacia mí
con cansancio en los pasos.
Voy a un país sin límites:
la patria sin fronteras de la muerte.
“Generación espontánea” es un poema de Vicente Gallego -poeta español considerado uno de los principales representantes de la poesía de la experiencia, la lírica romántica en torno a la belleza de lo cotidiano que dominó la lírica española en los años 80 y 90 del siglo XX, y evolucionado después hacia una poesía más reflexiva y contemplativa; autor de casi una veintena de libros de poemas.
El texto comienza con un planteamiento en que el estado de ánimo se relaciona con y es afectado por el entorno hostil e inclemente, para a continuación aparecer la experiencia personal -en este caso, el buen ánimo ante la adversidad.
En la última estrofa, aparece la reflexión que nos abarca a todos; la alegría, el estar bien, es un misterio de la propia vida y nos sorprende.
Una composición perfecta en su lirismo, formal y conceptual.
“Por la llanura del tiempo” es un poema de Antonio Manilla -del que se recomienda sobremanera su antología Lenguas en los árboles-, un texto de una perfección formal y un nivel de lirismo excelentes.
En un juego poético sublime, el actante yo poético se identifica con el viajero que viaja hacia sí mismo a través del mundo, que es la vida y que es el tiempo; cualquier comentario a este texto es una débil sombra de su belleza.
Gracias a Manuel Gil, docente y excompañero de nuestro Centro, por las lecturas de estas poesías.
En la primera ilustración, Rompiendo la tormenta, costa de Maine -1894. de W. Homer. En la segunda ilustración, Jardín de las Delicias de Sevilla.

















