XXXV / El Jiloca y sus ecos / La poesía habita

XXXV
 
El tiempo es soledad en brasas que todo lo piensa sin pestañear.
El espacio es labrantío de espejos. Afina, lector, tu sentir
Hasta que puedas ver el tiempo y su sombra pasar. Infinita sombra
es el universo donde reside todo espacio: que es lo que se ama.
Azogue. Galerna luminosa y más diamante que luz: tal vez dibujos
de color, pues formas claras, heridas, bellas, sangran por doquier.


EL JILOCA Y SUS ECOS

Hasta el momento no se ha interpretado
ningún adagio en este cementerio desierto.
Y todos escucharon como dormidos
la canción de la fuente y su eco.
Pues todos habían caminado sonámbulos
por la tierra yerma del fuego.


LA POESÍA HABITA

La poesía habita aquel espacio
que nos importa. Hoy es el tiempo
del verso. Mañana el temblor y temor
no sé si salvarán mis cansados poemas
contemplados. ¿Cuándo habitarán
mis versos en tu pasión? ¡Urge ese
planteamiento poético de la realidad!
¡Urge ese planteamiento poético
del lenguaje! Y es en tus orillas
donde escucho la memoria de tus
ribazos, Jiloca. Es el silbido de los barbos
y los tubos de chimenea de tu juventud
y la mía, persona lectora. ¡No solo la noche
lejana, o sí, ilumina nuestro devenir!

Tres poemas de Enrique Villagrasa -Burbáguena, Teruel; autor de varios libros de poemas, entre ellos Fosfenos, de 2024 y al que pertenecen estos poemas (Sobre el título Fosfenos -destellos o luces, aunque no haya una fuente de luz externa que los cause-, es el momento de escribir, ese bigbang de creación interior.); colabora regularmente como crítico en Librújula, Turia y Alhucema; es director de la colección de poesía Rayo azul (Huerga y Fierro)- que son comentados por el mismo poeta.

«El primer poema leído, el XXXV, pertenece al capítulo II del poemario, Cavilaciones, y escrito cual fragmento es un poema en prosa, que nos habla del tiempo y del espacio, de esa ilusión de todo anega y nos inunda: ese espejo donde nos reflejamos. Mi poesía sigue siendo memoria, mirada y lenguaje.

El segundo poema, perteneciente al capítulo III: Cementerio de Burbáguena, es un fragmento del poema El Jiloca y sus ecos, que es el río Jiloca el que atraviesa mi pueblo, Burbáguena, y el cementerio y su eco, lugar de mis paseos, como la fuente y el río; qué de ecos, no voces, nos trae.

El tercer poema La poesía habita, pertenece al capítulo IV y último de Fosfenos, Brotar del verso último, y da cuenta de la necesidad urgente de los nuevos planteamientos en poesía y de la necesidad de que nos habite ella, esa poesía y no otra.»

Gracias a Enrique por su generosidad en la lectura de sus textos.

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