Barrer para casa / London calling (A propósito del Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores)

Barrer para casa
Mi madre
estuvo durante tres años
todos los sábados
limpiando
la casa y el bufete
de un afamado y rico
matrimonio de abogados vallisoletanos.
Estos,
para asegurarse
de la eficacia y honradez de mi madre,
escondían
monedas de veinticinco pesetas
como si las hubieran perdido involuntariamente
en rincones inverosímiles:
junto a la fotocopiadora, bajo el revistero de la sala de espera,
entre las macetas de la terraza, detrás del televisor…
monedas que mi vieja sólo encontraría si se esmeraba
al barrer, fregar o limpiar el polvo.
Mi madre,
que siempre ha limpiado a conciencia,
daba con ellas
y las dejaba
honradamente
en un cenicero
que había en la enorme mesa del salón;
haciendo cuentas
(50 sábados al año por 3 años por veinticinco pesetas),
le deben
tres mil trescientas cincuenta pesetas
y una disculpa.

London Calling
Podría hablar de la primera exposición que vi desencajado
de Bacon. De aquella cena enmarcable en el Smiths
de Covent Garden. De las entradas por el jardín de Lady Di
en el restaurante San Lorenzo.
De la coincidencia de Agassi en el Froosts comprando yogures
un junio de Wimbledon.
De las mañanas dominicales en la gloria de Candem.
Podría extenderme en lo único que me preguntaban
los colegas al volver: qué tal el concierto de New Order,
dónde pillaste esa camisa, tienes que contarnos lo de Boy George
el otro día en la iglesia de Picadilly…
Pero prefiero hablar de lo que a nadie importaba: de las manos
que fregaron miles de platos y tenían un aspecto tan lastimoso
que no se atrevían a salir, no se atrevían a salir
siquiera de los bolsillos cuando libraba.
De los menús que serví a tantas turbas de hooligans asociados
para celebrar por todo lo bajo el party de Christmas. De las paradas
y paradas de metro rodeado de currelas por todas partes empezando
por la mía.
De los humillantes controles de aduana para entrar en UK
y veamos a dónde va y cuánto dinero lleva
y me lo enseña usted si es tan amable
como si no. De los inspectores de inmigración buscando a un tipo
con mi nombre y apellidos porque estaba en la agenda
de una amiga a la que impidieron la entrada en Gatwick.
Del mal trago en el Home Office con el visado.
De la pandilla de bastardos que casi me linchan por español.
De los neonazis en Trafalgar aterrorizando al propio Nelson.
Del paquistaní que me trató tan peor como los ingleses a él.
Del nudo en la garganta con las bombas del IRA en Oxford Street.
De la movida con un maricón en los baños de un cine del Soho.
De la debacle emocional aquel día que aquel hombre en aquel
festival en Battersea Park me golpeó con aquella sinrazón evidente.
Del impacto ante los cientos de homeless que dormían al ras
de varios grados bajo cero en la estación de Embankment.
Del pánico tantas noches a la altura de Putney.
De tanta desolación.
Que también hubo.
Y nunca lo conté.
“Barrer para casa” es un poema de José Pastor González -habitante de las alpujarras granadinas y autor de libros de poesía, cuyos poemas han aparecido en numerosas revistas y fanzines literarios- que trata de la relación laboral basada en la desconfianza entre unos empleadores y una empleada; una situación donde se plantea la honradez y la falta de escrúpulos al mismo tiempo; una poesía directa, de denuncia, donde aparecen los que trabajan para otros y sus condiciones laborales.
“London calling” es un poema de Juanjo Barral -autor asturiano, licenciado en Filología Hispánica y periodista; ha publicado novelas y varios libros de poesía- donde el yo poético es ejemplo del flujo migratorio de mano de obra en el mundo de la globalización.
Ambientado en Londres, el yo poético acumula en las dos primeras estrofas situaciones envidiables por su cosmopolitismo, urbanidad y esnobismo; y a continuación, en las siguientes estrofas, se poetiza el lado menos glam de la migración, donde las condiciones sentimentales, sociales o laborales no son en muchos casos las deseadas por nadie (su expresión extrema sería El síndrome de Ulises).
En esta semana se celebra el Día Internacional de los Trabajadores o Primero de Mayo, la conmemoración del movimiento obrero mundial; una jornada que se ha utilizado, habitualmente, para realizar diferentes reivindicaciones sociales y laborales a favor de las clases trabajadoras; y una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a las víctimas de esa lucha.
En la primera imagen, aparecen algunas compañeras de nuestro Centro; un recuerdo al personal de limpieza, que a lo largo de 75 cursos ha trabajado en nuestro Centro, y a su trabajo realizado.
Gracias a Tomás López -exdirector de nuestro Centro- y a Ángel Trigueros -compañero de nuestro Centro- por la grabación de la lectura de estas dos composiciones.
El título del segundo poema corresponde a la canción del mismo título de The Clash, un himno punk de los ´80.

















