Día del docente

Un joven profesor…
–
Un joven profesor entra en el aula,
descuelga los percheros donde se orea el frío
y mira cómo un rastro de luz resbala sobre los pupitres
sin nombre
y cubiertos de polvo.
Sin explicar cómo ni por qué,
se desbordan los límites de un paisaje incompleto
y cíclico,
mientras él pone en orden experiencias
y pensamientos.
Después se acerca a una ventana.
El sol entre los álamos
le trae a la memoria las estrellas
encima de las olas, el salitre
y los ojos de su hija al descubrir el mar,
la misma niña que hoy le ha hecho sentir, de nuevo,
los nervios del primer día de clase.
El profesor
¡Qué privilegio, haber podido hablar
tantos años ante unos ojos que renovaban
continuamente su juventud,
haberme sentido lleno de sabidurías más altas que la mía
y desde ellas haber podido hablar, argumentar, sorprender, rebatir, demostrar,
olvidarme de mis límites, de mi poca gracia,
de mi voz monótona, de mí mismo y todo,
y en un cielo de pizarras y de yeso convertirse tan solo en un portador
—indigno, lo sé, y oscuro— de tantas maravillas!
Que sean ellas
las que me salven a sus ojos, si hay que salvarme –o no, mejor que no,
mejor no interponerme de nuevo entre el fuego de verdad
y los ojos que algún instante le han deseado;
mejor el olvido, la transparencia.
La juventud, la sabiduría: tan eternas en su inaccesible abstracción
y tan bellas, ahora, aquí, en la múltiple y efímera presencia
de esos ojos distraídos, de esos bostezos —los veo—, de ese desinterés
con el que toman nota de lo que escribo en la pizarra:
ah, cuando lo comprendan algún día,
cuando vean su belleza no en palabras de otro
sino de ellos, luz de sus ojos, por fin, materia propia,
qué redención de esos instantes donde ahora ¡ven solo monotonía!
“Un joven profesor…” es un poema de Francisco Onieva -profesor de Lengua Castellana y Literatura en la provincia de Córdoba; autor de cuatro libros de poesía, todos ellos premiados; coordinador de los libros colectivos; narrador, con dos libros de relatos; y académico de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba.
El texto contiene la presentación hecha poesía de la experiencia de un docente en el primer día de curso de clase: el lugar, la repetición del inicio del curso, la preparación psicoemocional para enfrentarse a una nueva clase…
La segunda estrofa supone una mayor poetización; la vida privada de cada uno se mezcla inevitablemente con el desempeño de la enseñanza; y el último verso recoge el estado del inicio del curso, ese momento de incertidumbre ante el primer contacto con los alumnos, tan intenso y repetido.
Una lograda composición lírica sobre la figura del que se dedica a dar clase.
“El profesor” es un poema de David Jou -físico, poeta (con una treintena de libros) y ensayista español, catedrático universitario emérito.
En él, el poeta hace una reflexión de su trabajo hecho delante de y para los alumnos, uno de cuyos rasgos es su propia trascendencia frente a la trasmisión que hace de lo que sabe y que los alumnos deben aprender.
Sigue la reflexión sobre el alumnado, el saber traspasado, la belleza del proceso académico y la repercusión que tendrá más adelante.
Un muy conseguido texto, perfectamente trabajado, sobre lo que docente puede pensar, sentir y esperar de su trabajo.
La celebración del Día del Docente pretende homenajear y reconocer el papel de los docentes como profesionales en su labor, una tarea que abarca el proceso de enseñanza-aprendizaje en el aula y otras actividades como la actualización pedagógica y la gestión escolar; además de la transmisión de conocimientos, la docencia implica guiar, motivar y ayudar a los alumnos en su desarrollo durante sus años de estudio.
Gracias a Manuel Amador y a Pedro Ángel Rodríguez -profesores de nuestro Centro- por su generosidad en la lectura de estas composiciones.

















