Granito / Un armario lleno de sombras

Granito
 
 
En el norte hay una carretera,
entre Ávila y Salamanca,
bordeada de grandes rocas.
Como si un glaciar las hubiera ido
dejando
por ahí, a su antojo,
apiñadas unas sobre otras,
exhiben el desorden de la naturaleza.
 
Estos riscos desnudos son los huesos de Dios.
Una mitología hay en su envergadura.
Si les pones la mano encima,
alguien te escucha desde antes.
El granito salvaje nos habla aún del fuego
que lo fundió
y que lo echó a rodar hacia la luz,
y de los ríos que lo fueron
puliendo
sin consideración.
 
En su materia pura,
en lo crudo del tiempo que hay en ellas,
Théophile Gautier encontró
la más alta espiritualidad.
Si Dios se manifiesta de algún modo,
lo hace en su desolación,
en la magnitud de su alma fría.
 
Ahí están,
en los barrancos,
obligando a doblarse a los arroyos,
entre el pino y el roble,
entre la encina y el espino albar,
a veces solas
en mitad de la nada.
Su grandeza es un círculo secreto
donde aún es posible otro lenguaje.




Un armario lleno de sombras
 
 
Un armario al fondo de la habitación,
en el rincón más sombrío de la memoria,
esconde el espectro de lo que nunca fue,
el vestigio insospechado de quien no fui.
 
En una estantería se acomodan las palabras,
las que dije sin pensar, las que pensé y no dije,
separadas del silencio por una chalina de torpeza.
 
Tiene un cajón repleto de caricias perdidas
y de ese guiño al tiempo que materializa mi edad;
hay perchas en las que permanecen colgadas
cada una de las mudas de mi piel,
y en el lugar más inaccesible a tu mirada
permanece escondido el último resquicio de mi orgullo.
 
Gamoneda tiene un armario lleno de sombras
y yo, que apenas soy un aprendiz de hombre,
huyo de los armarios por miedo a descubrir quién soy.

“Granito” es un poema de Andrés García Cerdán -doctor en Literatura, poeta, ensayista, con más de quince libros editados, y músico español, con varios trabajos discográficos; su obra ha sido reconocida con diferentes premios de poesía.

El texto comienza con unas consideraciones topográficas y geológicas, que van ganando en poeticidad a medida del contacto entre la vista humana y lo físico y material (a partir de la admiración, la reflexión o la sensibilización de lo visto); se llega incluso a la sacralización del paisaje -a la manera del panteísmo- de esa naturaleza inerte, sola o con elementos de la naturaleza viva; todo un conjunto que crea belleza, por su capacidad expresiva y sugestiva.

Un ejemplo magistral de topoliteratura o poesía de paisajes, muy elaborada y magníficamente escrita.

“Un armario lleno de sombras” es un poema de Fran Picón -poeta zaragozano de raíces extremeñas, autor de varias obras e implicado en la vida cultural aragonesa-.

A partir de la imagen de la memoria/armario como un lugar donde se guarda el pasado, el poeta, en primera persona, se detiene en y evoca lo que no ocurrió o no se hizo en su momento, lo que quedó en silencio o lo que se erró en su expresión; el conjunto de actos o palabras que se quedaron en posibilidades no resueltas. Un ajuste de cuentas poético y honesto con uno mismo y una reflexión sobre la existencia misma.

El poema acaba en un modo de homenaje al poeta Antonio Gamoneda, autor de Un armario lleno de sombra, el primer volumen sus memorias que recoge su infancia.

Gracias a Andrés García y a Fran Picón -este por tercera vez- por la lectura de estas composiciones propias.

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