Manos / Telemaquia
A propósito del día del padre, 19 de marzo

Manos
No recuerdo cómo eran las manos de mi padre.
No recuerdo el tacto de sus dedos en mi cara
ni el rojo de los pocos cachetes que tuvo que darme.
Las manos de mis tíos eran fuertes,
grandes,
endurecidas.
Acostumbradas a la escarcha de los amaneceres
y al sudoroso calor de las eras circulares.
Las manos de mis tíos eran parcas en saludos y en caricias,
desconfiaban del contacto si no era el de la tierra,
el del viento de la madrugada,
o el del trigo y la cebada.
No imagino las manos de mis tíos en las mejillas de sus mujeres,
acariciando sus pechos o entrelazando sus dedos por la noche.
Manos como una herramienta: la prolongación de la azada.
Manos para atar las hierbas nacidas de la guadaña.
No recuerdo cómo eran las manos de mi padre.
Las manos de mi madre son pequeñas y de uñas rojas.
Manos para embellecer el mundo con sus gestos,
con el balanceo marítimo de su máquina de coser.
Las manos de mi madre se adentran en los vestidos
con la precisión microscópica de un cirujano.
Manos como agujas que se clavan en el pañuelo del recuerdo,
manos para hilvanar, para iluminar el misterio de las costuras
más allá de los pespuntes, los bajos y las hombreras.
Escribo que no recuerdo las manos de mi padre
cuando siento la caricia de las manos de mi madre
sobre mis manos.
Dos gotas de agua encima de la mesa.
Dos manos que están envejeciendo juntas,
que comienzan a compartir enfermedades heredadas
y un mismo perfil y unas mismas uñas.

Telemaquia
La pelota que arrojé cuando jugaba
en el parque aún no ha tocado el suelo. Dylan Thomas.
Mi padre es una voz grabada en una cinta,
un conejo con una servilleta
y un dibujo con ceras Manley negras.
Mi padre es el olor a gasolina
de un R-19 gris oscuro,
es los cómics de Astérix después de que cenásemos,
luz encendida en el pasillo y churros
para desayunar los fines de semana.
Mi padre es una casa de alquiler
cuando el verano parecía largo.
Mi padre es el portátil, la colonia
de Álvarez Gómez y los libros puestos
en una torre sobre la impresora.
Mi padre es lo que veo cuando hablo de mi casa,
la pelota que no ha tocado el suelo
y el miedo que le tengo yo a la muerte.
El mismo José Manuel Lucía presenta su poema «Manos«: “Es un poema que forma parte del libro El hombre que yo amo publicado por Huerga y Fierro en 2025. Un libro que es un viaje sentimental a mi juventud, a mi niñez, al despertar sexual, a ese sentirse solo y desamparado por amar de manera diferente a la de mis compañeros. Un viaje al silencio, al miedo, a la vergüenza que nos hacía sentir una sociedad que, salida de la dictadura franquista, todavía le quedaba mucho espacio para transitar en el camino de los derechos; es un poema que establece vínculos con la familia, con las manos de un padre que perdí muy pronto, de unos tíos agricultores con los que no tenía nada que ver, y con las manos de mi madre, con las que he ido creciendo y, al tiempo, aprendiendo a no estar en silencio y a no sentir ni miedo ni vergüenza por amar.”
José Manuel Lucía Megías (1967) es filólogo y escritor español, catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid; se ha especializado en libros de caballerías, crítica textual, humanidades digitales. Su último libro publicado es Cervantes íntimo. Amor y sexo en los Siglos de Oro, 2025. Autor de una gran obra poética.
“Telemaquia” es un poema de Juan Herrero Diéguez -profesor y poeta, estudiante de Filosofía, es conocido sobre todo por ser el ganador del Premio Adonais de poesía con Cartografía de nadie, 2024. El título de Telemaquia hace referencia a Telémaco, el hijo esforzado de Ulises.
En esta composición, la poetización de la figura del padre vista desde el hijo se hace con la acumulación de recuerdos, de imágenes, lugares y objetos relacionados con el tótem paterno. La mayor poetización se presenta en los últimos versos, donde se presenta el peso del ascendiente en una forma de ser o de ver la vida. La imagen de la pelota sin caer es un caso de contaminatio y cita muy bien traído donde recoge la persistencia de lo que se vivió, especialmente en la infancia.
Estos textos sirven para celebrar la paternidad, la relación entre un padre y sus hijos e hijas, de carácter biológico, natural, jurídico, sentimental, social de gran importancia en cualquier grupo humano.
Gracias a José Manueol Lucía y a Juan Herrero por la lectura de sus propias poesías y por su gran generosidad.

















