Phi, el número áureo / Números / Como si nada

PHI, EL NÚMERO ÁUREO
Un secreto resiste en cada célula
y divide el momento en dos verdades:
la justa proporción del enunciado
que distribuye el sol y la armonía.
Hay un sendero que alumbra la belleza
en cuanto se insinúa
y funda logaritmos en los labios.
Un número define lo perfecto
y nos ofrece en lo íntimo el arrullo
que dignifica al astro y la pupila.
Existe una espiral que, de igual modo,
ocurre en las abejas o en lo exacto
del cielo y de la orquídea
y que tiene que ver
con el cómo sonríe la Gioconda,
con todo caracol y su escalera.
Así es como debajo de esta geometría
se reproduce el átomo
y el Universo entiende su sentido.
Cuando enteros se muestran, se parecen
a lo que toda oscuridad insulta.
¿En qué otro gesto fuera aquella luz,
en qué otra lengua fuera?
Lo que inmune a nosotros va quedando:
un disparo de besos para siempre,
un te amo mientras puedas.

NÚMEROS
Me gusta la generosidad de los números,
el modo, por ejemplo,
en que están dispuestos a contar
cosas o personas:
dos pepinillos, una puerta que da a la habitación,
ocho bailarinas vestidas de cisne.
Me gusta la domesticidad de la adición—
«añadir dos tazas de leche y remover»—
el sentido de abundancia: seis ciruelas
en el suelo, tres más
que caen del árbol.
Y la multiplicación escolar
de pez por pez,
cuyos cuerpos plateados se reproducen
bajo la sombra
de una barca.
Ni la sustracción representa una pérdida,
sino una adición en otra parte:
cinco gorriones menos dos,
los dos que están ahora
en el jardín de alguien.
Hay una amplitud en la división,
como abrir una caja de comida china
bolsita a bolsita,
dentro de cada galleta doblada
una nueva fortuna.
Y nunca deja de sorprenderme
el regalo de un resto impar,
libre al final:
cuarenta y siete dividido once igual a cuatro,
y restan tres.
Tres niños lejos de sus madres que los llaman,
dos italianos lanzándose al mar,
una media que no está donde la buscas.

COMO SI NADA
Una canción cualquiera puede a veces,
con su hermosura elemental, herirnos
de muy mala manera el corazón.
Suele acudir inesperada y súbita,
cuando prosaicos y desprevenidos
andamos a lo nuestro. De repente,
sin que quizás sepamos ni siquiera
desde dónde nos vienen, van llegándonos
unos pocos acordes por el aire
y unas cuantas palabras. Eso basta.
¿Qué centro alcanzan fulminantemente
la apasionada y quejumbrosa música,
las frases desgarradas que nos hablan
de un gran amor que un día comenzó
y que ahora para siempre se termina?
¿Cómo consigue esta canción dejarnos
así, como si nada, en el oído
una emoción tan honda y tan amarga,
una muerte tan dulce?
“Phi, el número áureo” es un poema de José M.ª Higuera -nacido en Córdoba en 1970, es tallista ornamental en madera y autor de varios libros de poesía.
El texto consiste en la poetización del número Phi, una proporción geométrica y constante matemática irracional; representa la relación de armonía y equilibrio visual más famosa de la historia [como ejemplo, es la relación entre el cinco y el ocho]. Aparece en el arte y el diseño -se usa comúnmente en diseño gráfico, arquitectura y fotografía para crear armonía visual- y en la naturaleza -es muy común en los patrones de crecimiento de la naturaleza, como las espirales de las conchas marinas, las hojas de algunas plantas o los pétalos de los girasoles.
Y así, con un estilo poético muy elaborado, el poeta expone la presencia de esta proporción en la vida, la naturaleza o el arte, como una muestra de la armonía, belleza y sentido -incluido el amor- del universo.
“Números” es un poema de Mary Cornish -autora e ilustradora de libros infantiles estadounidense, se dedicó a la poesía en la edad adulta-, con un contenido en principio poco poético.
Con un estilo muy sencillo y dentro de la cotidianeidad, la poeta presenta candorosamente su gusto por la numeración de todo, presente en lo doméstico, en la escuela o en cualquier entorno; la presentación del lado amable de las operaciones matemáticas básicas, dentro de un mundo visto con buenos ojos desde el bienestar y con paz mental. Un texto naif sobre la gracia de la numeración de la vida.
“Como si nada” es un poema de Eloy Sánchez Rosillo -profesor en la Universidad de Murcia, colaborados en varias revistas literarias, ganador de varios premios literarios entre ellos el Adonáis de Poesía y el Premio Nacional de la Crítica en 2005; un poeta excelente muy recomendable- cuyo título es una expresión coloquial usada aquí con el significado de Sin esfuerzo o sin notar la dificultad.
Y esta expresión se refiera al efecto emocional que una canción produce en la mayoría, a partir de su evocación espontánea, en momentos insospechados, mezcla de música y palabras.
La segunda parte del poema contiene dos interrogaciones retóricas surgidas ante la sorpresa de la impresión causada por la suma de melodía y letra; un oxímoron final intenta explicar esa paradoja de la sensación creada.
Un poema perfectamente elaborado en su aparente sencillez, de una belleza y una profundidad muy logradas. Una visión lírica de lo que se estudia en neurología.
Gracias a Helena Moreno -profesora de Matemáticas de nuestro Centro-, a Juan Luis Pacha -excompañero y profesor de Matemáticas- y a Ana María Fernández -profesora de Música de nuestro Centro- por la grabación de sus lecturas de estas composiciones.


















