Paraíso / El que será llamado

Paraíso
 

Como una tarde eterna, puestos a imaginar,
concibo el paraíso.
 
Con vencejos volando
contra el azul del cielo que al poco se desangra
bajo una luz distinta, una luz que permite
la lectura de un libro o rematar un nudo
a la vera de un árbol. Apenas nada más.
 
Si acaso compañía: el murmullo del agua
-porque ha de haber un río como existió al principio-
adormeciendo al viento encelado en los chopos,
un ruiseñor cantando en soledad su estrofa
o la dulce mirada silenciosa y querida.
 
De vez en vez, noticias vagas como un rumor,
sin concreción alguna, que avienten el recuerdo
de personas y cosas que alguna vez amamos.

El que será llamado
 
 
Elaboremos ahora que aún estamos a tiempo
un repertorio incandescente de recuerdos.
 
Seleccionaremos a continuación uno de ellos
en el que nos resulte agradable perdernos,
en el que nos sintamos felices, porque
lo que evoca fue pleno.
 
Burilémoslo entonces, procuremos
que tenga —entero—
la forma que procede: la de instante.
 
Memoricemos,
por último, esa nueva versión,
y asegurémonos
de que reconoce nuestra voz y su nombre,
de que acude en efecto
cada vez que lo oye, y nosotros al verlo
lo reconocemos también, sabemos
que será cuando llegue el final
el que querremos
llamar, y que él será, cuando ya no quede
otro tiempo
que su tiempo de instante, el que llamemos.

Paraíso” es un poema de Antonio Manilla –poeta ya editado varias veces por su calidad muy elevada- que recrea el significado de un término antiguo que significa «jardín cercado», y que designa un lugar muy ameno, hermoso y lleno de paz, aparte de su uso en el ámbito de algunas religiones; en el lenguaje común, se aplica a cualquier lugar, región o entorno que destaca por su extraordinaria belleza natural, tranquilidad y condiciones sumamente agradables.

Y para el poeta, en primera persona, este espacio ideal tiene marco temporal restringido, un atardecer donde se puede disfrutar con actividades simples y escasas.

Y además, elementos que sirven evitan la soledad, como elementos de la naturaleza o la presencia humana.

La última estrofa recoge un último requisito; la evocación de lo que proporcionó amor.

La calidad poética supera en mucho el comentario que se pueda hacer; una magistral creación literaria y una colección de imágenes poéticas deslumbrantes que hacen un todo perfecto. ¿O no?

El que será llamado” es un poema de Pedro López Lara -autor contemporáneo que ha publicado artículos y reseñas sobre temas literarios en revistas, ganador de varios premios literarios y ha publicado varios poemarios- que en principio no dice nada, pero que será entendido en la lectura completa.

Escrito en la primera persona del plural, el autor comienza a aconsejar (¿?) sobre la creación de un conjunto de recuerdos -como un acto de voluntad.

De ese grupo, habrá uno elegido y trabajado, convertido en mínimo en su duración; servirá en el futuro, y cuando no quede futuro.

Este comentario no llega a exponer apenas la calidad conceptual, literaria, expresiva de este texto. Una muy lírica presentación de la autocreación de lo bueno, y del valor de la evocación en el curso de la vida.

Gracias de nuevo a Juan Fernández -compañero de nuestro Centro, y quizás el primero que valoró y animó este proyecto de edición de textos- y a Pedro López Lara -incluso convaleciente- por las lecturas de estas dos composiciones; en el segundo caso, autor de la misma.

En la primera imagen, Paisaje de Tahití, 1891, de Paul Gauguin, artista postimpresionista francés que marchó a Tahití, isla de la Polinesia Francesa, donde durante 18 meses pintó y descubrió un paraíso personal y artístico.

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