Ascender por el acantilado / Estoy aquí

Ascender por el acantilado
Una pared vertical sin apenas fisuras,
casi lisa, imposible encontrar sobre la roca
huellas de otra escalada.
No sabes a quién corresponde esta cicatriz,
pero sirve su apoyo.
Parece que unos pies de gato
deben ser suficientemente flexibles
para intentar esta aventura en solitario.
Y el arnés bien colocado en la cintura,
que no estrangule las piernas
y que deje lugar para que clavos y martillo
viajen contigo hasta lo más alto.
No importa caminar solo.
En la vida todo son técnicas de escalada.
Estrellas que fulguran en el cielo,
fuegos de artificio en la noche oscura,
guijarros cayendo al fondo del pozo.
Mas si quieres conocer los secretos
de estas técnicas avanzadas de escalada
busca a quien te ame, ascended juntos.
Porque solo entre dos se conocen
los secretos que te pueden salvar la vida.

Estoy aquí
Estoy aquí, mi amor, estoy aquí,
velando tus naufragios en las noches
en que nadie responde, en las heladas
madrugadas vacías, en las tardes
de desesperación y de locura.
Pon en duda, si quieres, que la Tierra
gire en el desolado precipicio
del espacio infinito alrededor
del Sol, o que los astros sean fuego,
o que el amargo río de la vida
desemboque en la muerte. Pero nunca
dudes de que, en la fiebre del fracaso
o en la sed de la angustia, en el abismo
de la ansiedad y del desasosiego,
estoy aquí, amor mío, estoy aquí.
Aunque tú no me veas ni me oigas.
“Ascender por el acantilado” es un poema de Rafael Muñoz-Zayas -narrador y poeta nacido en Panamá- que se divide claramente en dos partes.
En la primera, se describe el conjunto de técnicas de ascenso sobre paredes, con bastante riesgo de accidente, dirigido a un tú, donde la soledad no es impedimento; una expresión prosaica, pero impecable en su buena expresión.
En la segunda parte, la liricalización progresa. Se crea una extensión entre las técnicas descritas y la vida en general, la de todos; la poetización de las dificultades que se presentan en la existencia son imágenes muy conseguidas; y ante este riesgo, surge la necesidad de la búsqueda del amor, que nos puede ofrecer la salvación, la redención, el bienestar o la plenitud -por qué no- en nuestra existencia.
Una composición muy lograda en su formalidad y su contenido sobre lo humano.
“Estoy aquí” es un poema de Luis Alberto de Cuenca -filólogo, escritor y poeta español, considerado uno de los autores más influyentes de la poesía española actual; ha sido director de la Biblioteca Nacional y forma parte del CSIC; ganador del Premio de la Crítica de Poesía, del Premio Nacional de Poesía y del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana; Premio Nacional de Traductores y miembro de número en la Real Academia de la Historia- que comienza por un título anodino pero categórico.
La primera parte de la composición se inicia con el apóstrofe a una segunda persona, objeto de amor, por parte de una primera persona poética que hace una declaración absoluta de entrega, de amor y preocupación por el otro, intensificado en la presencia del deíctico aquí.
En la segunda parte del texto, la hipérbole lírica, además de un nuevo apóstrofe, de la duda sobre lo indudable es la propuesta a la segunda persona poética; frente a esa duda, la certeza absoluta, en los perores de los momentos y situaciones, de la presencia del yo poético y amante, en el mundo -la mayor poetización- ideal y abstracto del sentimiento, del recuerdo y de la distancia.
Una creación literaria de gran calidad y expresividad.
Gracias a Luis D. García, compañero de nuestro Centro, por la lectura grabada de estas dos poesías.

















