Fábula con animal doméstico / Animal planet

Fábula con animal doméstico
 
 
En medio de una noche, (cuando nada a menudo
se espera) desmedido en alegría y sed,
corrió a nosotros, lejanos y oscuros,
y cuyo olor, indudablemente, le era ajeno…
A la puerta del pequeño hotel, muy tarde,
el perro, no muy grande, vino a ofrecer
la alegría que no tiene motivo, la donación sin pretexto.
Y para que no hubiera duda, tras los leves
arrullos, se tumbó boca arriba, encogiendo las patas.
¿Cómo no pensar en un puñal o en sangre,
en un gesto inclemente, que dé vuelo a la risa?
¿Un grito -un golpe- no nos devolvería
después a la sombra del daño y la reflexión
que encima y limpia, cuando ya es distinto?
 
Pero sus ojos eran mucho más que nuestros ojos.
La entrega, el júbilo, la bondad inmensa
-tan ajena a quienes la dictan o detentan-
no tiene por qué, ni es virtuosa, ni pide nada,
ni adoctrina, ni predica. Estuvo en el remoto pasado
y acaso podría estar en el futuro incierto.
Esa gran bondad sólo significa sentir
el mundo y un aire silencioso de destierro.
Ni pide ni regala. Se da y está tan lejos
de nosotros, que, al mirar sus ojos, he sentido vergüenza.

Animal planet
 
 
Menos culpable, aunque no inocente,
en este universo donde
las leyes de la naturaleza deciden
quién debe matar a quién
y el que más mata es el rey.
 ¡Con qué admiración se filma
al león plácido y feroz que despedaza al cervatillo!
Y yo, al cerrar los ojos o al apagar el televisor,
siento que participo menos en el crimen,
aunque en el candelero de la vida
hay que verter siempre sangre,
la sangre de otro.
 
Con menos culpa, aunque no inocente,
compartí mesa y mantel con los cazadores,
sin embargo, me gustaba acariciar las orejas largas
y sedosas de las liebres,
arrojadas en un túmulo
sobre el mantel bordado.
Culpable, aunque yo no fuera quien
apretara el gatillo,
y me tapara los oídos,
horrorizada por el ruido de la muerte
y por el olor a sudor desvergonzado de los que dispararon.

Menos culpable, aunque no inocente,
con todo más inocente que tú,
autor de esta perfección sin piedad,
que has decidido todo
y luego me has enseñado a poner la otra mejilla.

Fábula con animal doméstico” es un poema de Luis Antonio de Villena -poeta, narrador, ensayista, crítico literario y traductor español; autor consagrado, polifacético y politemático- con un título entre descriptivo e irónico.

Este texto comienza con la narración -de ahí lo de fábula- del encuentro entre humanos y un perro -de ahí lo de fábula, el animal como protagonista-, a partir del que ya se aprecia su manera de ser -la del perro y la de los humanos-, la entrega y la alegría frente a la jerarquía y el poder -el de hacer daño por hacer daño, entre otros- por una parte y por otra.

La segunda parte de la poesía continúa con el reconocimiento repetitivo -porque su intensidad para bueno es así- de los atributos y cualidades del animal doméstico, en especial su bondad y su ofrecimiento, porque sí; y eso crea en el humano consciente el sentimiento de la vergüenza, de la inferioridad y de la incapacidad para ese afecto.

Animal planet” es un poema de Ana Blandiana -poeta, narradora, ensayista y figura política rumana; una de las figuras literarias de Rumanía y una de las poetas más relevantes de las letras europeas; galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2024- tomado quizás -con todos los añadidos matices que aparecen en estos versos- del nombre del canal de televisión estadounidense, cuya programación se dedicaba en su origen principalmente a series y documentales sobre animales salvajes y mascotas domésticas.

El texto contiene una reflexión sobre un mundo violento/la naturaleza violenta y la culpabilidad del que observa, a la manera de una especie de «antioración»; una protesta ante un Dios en el que se cree y se desafía, y esto conduce a la liberación personal.

Al comienzo, el yo poético, y otros muchos humanos, entre la culpa y la inocencia, observa la naturaleza en la lucha por la vida como un espectáculo cinematográfico, uno más de la sociedad del espectáculo. Es llamativa la metáfora de la sangre derramada que permite que continúe la vida.

En la segunda estrofa, aparece el placer humano del instinto de supervivencia cuando esta no está en juego -es decir la caza como deporte- que observa el yo poético de modo ambivalente -la atracción estética por los trofeos de caza frente al sonido y al olor desagradables

En la última estrofa, se interpela directamente a una segunda persona, a un tú sobre el que se emite un juicio, a un Dios: la regla de pacifismo de poner la otra mejilla convive con la realidad brutal del mundo creado por el mismo Dios.

Una gran creación poética sobre la humanidad misma, el mundo, y sus paradojas.

El animalismo es un movimiento social y político global que ha crecido en las últimas décadas y que aboga por la defensa, el respeto y la garantía de derechos para los animales; busca erradicar el especismo (la discriminación basada en la especie, el hombre frente a todas las demás especies inferiores) y mejorar su bienestar.

Gracias a Yolanda Rodríguez -compañera de nuestro Centro; en la imagen, su perro Leo- y a Ana García -excompañera de nuestro Centro y felizmente emérita- por la lectura en vídeo de estas dos composiciones.

También te podría gustar...