Musée des Beaux-Arts / Precedentes de la Philips / El beso de Klimt

Musée des Beaux-Arts, de W. H. Auden

 
Acerca del dolor jamás se equivocaron
los antiguos maestros. Y qué bien entendieron
su función en el mundo. Cómo llega
mientras alguno cena o abre la ventana
o nada más camina sin objeto.

Cómo, mientras los viejos aguardan reverentes
el milagroso nacimiento, habrá siempre
niños sin mayor interés en lo que ocurre,
patinando en el estanque helado a la orilla del bosque.

 
No olvidaron jamás
que el eterno martirio ha de seguir su curso,
irremediablemente, en sórdidos rincones,
donde viven los perros su perra vida
y la yegua del verdugo se rasca
las inocentes grupas contra un árbol.

 
Por ejemplo, en el Ícaro de Brueghel:
con qué serenidad
todo parece lejos del desastre.


El labrador oyó seguramente
el rumor de las aguas y el grito inconsolable.
Pero el fracaso no lo conmovió:
brillaba el sol como brilló en el cuerpo blanco
al hundirse en las aguas verdes.


Y la elegante y delicada nave
debió haber visto lo inaudito:
la caída de un niño que volaba.
Pero el barco tenía un destino
y siguió navegando en calma.

Precedentes de la Philips, de María Mercedes Carranza
 

“Como en los cuadros de Turner,
donde la luz piensa”. Octavio Paz
 

Las investigaciones de la Philips prueban
que la luz no la creó Dios en el primer
día. Fue Turner –desvelado en una noche
de Venecia– el que dijo hágase la luz


y la luz fue hecha. En el principio
fue su pincel y hasta las nieblas


de Londres lo reconocieron. Luego
hubo un hombre llamado Monet


que vino a dar testimonio de la luz
entre los suyos y los suyos sí
le recibieron. Desde entonces la luz
habita entre nosotros, llena
de Van Gogh con sus tristezas y todo.

El beso de Klimt, de Mónica Doña.
 
 
Se enamoran de un cuadro.
Un bellísimo cuadro que lleva un largo siglo en los museos.
Viena, primera década del siglo de las sombras:
secesión en las artes, oropel y erotismo.
Gustav Klimt, el artista que amaba a las mujeres.


Poquísimas han visto la obra original.
Pero eso no importa, se enamoran de copias.
Decorativas copias, simbólicos deseos,
altares que presiden las alcobas
de los enamorados del presente.

Sus abuelas colgaron crucifijos
(para toda la vida).
Sus madres, el jardín de las delicias
(hasta el confuso día del divorcio).
Ellas, un beso eterno
aunque la eternidad dure un suspiro.

La lámina dorada brilla sobre los tálamos,
los jóvenes amantes
la miran y se besan como príncipes.
Ven lo que necesitan
para alcanzar el fondo de la dicha:
La lluvia de oro, el eco de mil constelaciones,
la pradera de flores, los mantos que los cubren
y los rostros unidos por el beso infinito.

 
(Que en la obra elegida él domine la escena
y ella cierre los ojos postrada de rodillas
al pie de un precipicio,
son detalles que no tendrán en cuenta.)

Viena, primera década del siglo de las sombras
y cien años más tarde:
traslaciones continuas, secesiones forzosas,
deslealtades urgentes, acosos y despidos,
mochilas y muchachas con el ombligo al aire
y algún privilegiado que siempre está esperando
un cambio de destino…

Bajo este panorama de tiempos velocísimos,
de carretera y pésimos augurios,
las jóvenes parejas del siglo XXI
siguen en el intento:
construyendo el amor al borde del abismo.

Los tres poemas anteriores son ejemplo de lo que se denomina literatura comparada, es decir, de la relación de la literatura, en este caso la poesía, y las artes, en este caso la pintura. Muy recomendable a este respecto es la obra de Ioana Gruia, profesora de la Universidad de Granada, La literatura comparada, una disciplina hospitalaria.

“Musée des beaux-arts” es un poema de W. H. Auden -considerado como uno de los más grandes escritores del siglo XX, siendo equiparado con Yeats y T. S. Eliot-, que parte de la visita a un museo y la contemplación de un cuadro.

Y empieza a reflexionar sobre la indiferencia humana ante el sufrimiento individual, asumida por los sabios pasados; y ese desinterés por el pesar ajeno lo concreta y observa en la pintura Paisaje con la caída de Ícaro. El dominio de la técnica poética, la calidad lírica y la cotidianeidad hechos poesía.

“Precedentes de la Philips” es un poema de María Mercedes Carranza -política y poeta colombiana del siglo XX- donde destaca el tono lúdico, divertido e irónico.

Comienza con la cita de la multinacional Phillip y el Dios creador a los que descarta como creadores de la luz (en un juego conseguido de significados), para después afirmar el valor de los pintores citados como verdaderos artífices de esa radiación electromagnética percibida por el ojo humano y presente brillantemente en sus obras.

Una manera de homenaje al valor técnico y a la estética de ciertos artistas hecha poesía asequible y amena.

“El beso de Klimt” es un poema de Mónica Doña -poeta, cantante y compositora andaluza, ahora dedicada exclusivamente a la poesía; autora de varias obras editadas- que tiene como título el título y el autor de una obra pictórica.

En esta composición, se hace una presentación de la obra, de su difusión, convertida en un icono pop; también se fija en los disfrutantes de la obra y cómo cambian las modas en el gusto del arte. Una mezcla de desenfado y drama poetizada sobre el contenido de una obra famosa y sus espectadores.

Gracias a Petri Portillo, profesora ya emérita de EPV, a Bárbara Sánchez Portillo -compañera de nuestro Centro y sobrina de la anterior- y a Concha González -compañera de EPV también de nuestro Centro,

En la primera imagen, Paisaje con la caída de Ícaro, 1554-55, de Pieter Brueghel el Viejo – en los Museos Reales de Bellas Artes, Bruselas, Bélgica. Del Renacimiento.

En la segunda imagen, El atardecer escarlata, 1840, de William Turner; en la Tate Gallery de Londres. Del Romanticismo.

En la tercera imagen, El beso, Gustav Klimt, 1907-08; en la Österreichische Galerie Belvedere de Viena. Ejemplo del Art Nouveau, llamado aquí Modernismo.

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