Sencillos deseos / No hay palabras

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Sencillos Deseos
Hoy quisiera tus dedos
escribiéndome historias en el pelo,
y quisiera besos en la espalda,
acurrucos, que me dijeras
las más grandes verdades
o las más grandes mentiras,
que me dijeras por ejemplo
que soy la mujer más linda,
que me querés mucho,
cosas así, tan sencillas, tan repetidas,
que me delinearas el rostro
y me quedaras viendo a los ojos
como si tu vida entera
dependiera de que los míos sonrieran
alborotando todas las gaviotas en la espuma.
Cosas quiero como que andes mi cuerpo
camino arbolado y oloroso,
que seas la primera lluvia del invierno
dejándote caer despacio
y luego en aguacero.
Cosas quiero, como una gran ola de ternura
deshaciéndome un ruido de caracol,
un cardumen de peces en la boca,
algo de eso frágil y desnudo,
como una flor a punto de entregarse
a la primera luz de la mañana,
o simplemente una semilla, un árbol,
un poco de hierba.
No hay palabras
Tocas un cuerpo, sientes su repetido temblor
bajo tus dedos, el cálido transcurrir de la sangre.
Recorres la estremecida tibieza,
sus corporales sombras, su desvelado resplandor.
No hay palabras. Tocas un cuerpo; un mundo
llena ahora tus manos, empuja su destino.
A través de tu pecho el tiempo pasa,
golpea como un látigo junto a tus labios.
Las horas un instante se detienen
y arrancas tu pequeña porción de eternidad.
Fueron antes los nombres y las fechas,
la historia clara, lúcida, de dos rostros distantes.
Después, lo que llamas amor, quizá se torne forzada promesa,
levantado muro pretendiendo encerrar
aquello que únicamente en libertad puede ganarse.
No importa, ahora no importa.
Tocas un cuerpo, en él te hundes,
palpas la vida, real, común. No estás ya solo.
“Sencillos deseos” es un poema de Gioconda Belli -poeta, novelista y militante nicaragüense, exiliada y residente en España; una de las figuras literarias más prominentes de América Latina- , ejemplo del trato a la femineidad que da la autora en su obra.
Esta composición expresa el deseo del yo lírico de recibir afecto físico y emocional de otro, la suma de amor/placer/cariño, con caricias, besos, palabras y miradas; el anhelo de que una segunda persona haga gozar su cuerpo, le hable y la trate con delicadeza. Todo escrito con finura, sensibilidad y sensualidad, y conseguido con una serie de imágenes de gran calidad poética.
“No hay palabras” es un poema de Juan Luis Panero -poeta hijo del poeta Leopoldo Panero y de la escritora Felicidad Blanc, hermano del poeta Leopoldo María Panero y Michi Panero-.
Escrito en segunda persona -una variante de la primera persona-, esta composición expresa la imposibilidad de contar/describir/glosar mediante palabras -la inefabilidad- la experiencia del contacto físico -resumido en tocar, así de fácil-, de la conexión física y emocional con otra persona; en este encuentro material, el concepto abstracto del amor queda en segundo lugar.
Un texto de gran belleza lírica, en su expresión contenida y muy acertada, en otra visión de las relaciones humanas íntimas.
Gracias a Pedro Rodríguez, excompañero de nuestro Centro y ahora emérito, y a Mercedes Moreno, compañera de nuestro Centro, por la lectura de estos dos poemas.

















